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Libros de Terror

The Ring

The Ring

Las postrimerías del siglo XX y comienzos del siglo XXI supusieron un renacimiento impredecible del cine oriental. Más aún: del cine de terror oriental. “The ring”, (“Ringu”, Hideo Nakata, 1998), “The eye”, (“Gin gwai”, Oxide Pang Chun / Danny Pang, 2002), “Dark water”, (Honogurai mizu no soko kara, Hideo Nakata, 2002), “La maldición, (The grudge)” (“Ju-on”, Takashi Shimizu, 2002), “Dos hermanas”, (“Janghwa, Hongryeon”, Jee-woon Kim, 2003), “Llamada perdida”, (“Chakushin ari”, Takashi Miike, 2003) y un largo etcétera. La gran mayoría de esas películas estaban basadas en libros. Naturalmente hizo falta menos de un suspiro para que la siempre atenta industria americana realizara sus propias e innecesarias versiones de estas películas. Esto del remake-copia es como una parafilia incontenible que no respeta ni siquiera películas como “Abre los ojos” (“Abre los ojos”, Alejandro Amenabar, 1997), preciosamente llamada, eso sí, “Vanilla sky” (“Vanilla sky”, Cameron Crowe, 2001).

Dado que ya nos hemos despachado a gusto con la sequía de ideas que domina Hollywood, la llamada cuna del cine, volvamos a Oriente para hablar del libro que nos interesa, “The ring”. La sinopsis del libro, complejo a pesar de su aparente simplicidad, podría resumirse de la siguiente manera: “El periodista Kazuyuki Asakawa realiza un reportaje sobre un rumor que corre entre un grupo de estudiantes japoneses: quienes han visto una misteriosa cinta de vídeo reciben escasos momentos después una llamada telefónica misteriosa y amenazante y mueren en el plazo exacto de una semana. A pesar de ser sólo otra leyenda urbana más, la historia va cobrando fuerza y se suceden varias muertes inexplicables; las víctimas no presentan señales de violencia, pero sus rostros reflejan un terror infinito. A pesar de ser bastante escéptico al respecto de este extraño asunto pronto se ve obligado a cambiar su punto de vista cuando una de las fallecidas resulta ser compañera de su sobrina”.

“Este hecho le lleva a involucrarse cada vez de forma más profunda en el caso. Viaja hasta Izu, de donde parece provenir la cinta fatídica, y acaba viendo una copia de la misma; ahora tiene siete días para intentar anular la maldición antes de que caiga sobre él y su familia, que para su desgracia también ha visto la fatídica grabación. Con la ayuda de su ex-compañero de clase, Ryuji, un profesor de filosofía, Asakawa se propone resolver el misterio. Su investigación les lleva desde la capital, Tokyo, hasta zonas rurales de Japón, lugares atrapados en el tiempo y donde tendrán que enfrentarse con una fuerza apocalíptica y terrorífica que puede estar detrás de todo. Pero el círculo maldito que esa fuerza sobrenatural trazó con su odio no es tan fácil de romper. Únicamente disponen de siete días para desentrañar el misterio de ‘The Ring’.” Para cualquiera que no haya visto previamente la película, debiera resultar atractiva la sinopsis y, para quien ya lo haya hecho, que no espere encontrar lo mismo.

El autor, Koji Suzuki, nació en Shizuoka en 1957. Su novela “Paradise” (1990) fue galardonada con el premio de Novela Fantástica de Japón. La segunda, “The Ring”, quedó finalista en el certamen Seishi Yokomizo y fue un gran éxito editorial. Con su siguiente libro, “Spiral” (1995), Suzuki ganó el premio del Nuevo Talento en la XVII edición de los premios de Literatura Eiji Yoshikawa. Por último, su “Dark Water” (1996) fue candidata a los premios Naoki. Suzuki es uno de los novelistas de bestsellers más aclamado de Japón. La adaptación cinematográfica de “The Ring” ha sido el filme más taquillero de la historia del cine japonés, y se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas, con varias secuelas, libros, mangas, series televisivas, videojuegos, etc. Las opiniones sobre su segundo trabajo, el que nos interesa ahora, han resultado de lo más positivas, cuando menos las que el editor ha decido poner en la contraportada.

“La novela, que ha revolucionado el género de terror en Japón, donde ha vendido más de tres millones de ejemplares, utiliza con sabiduría la leyenda urbana, las historias de fantasmas, el uso de las nuevas tecnologías y los códigos del thriller con el fin de narrar una carrera contra el tiempo para salvar la vida. Espeluznante.”
The New York Times

Es posible que, en su momento el vídeo VHS, la cámara de fotos y el teléfono fijo fueran parte de las “nuevas tecnologías”, pero más me parece a mí que el escritor del The New York Times se dejó llevar por el entusiasmo sin medir con algo más de cuidado qué era lo que estaba diciendo. No obstante en todo lo demás lleva la razón: la novela supuso un auténtico impacto entre los seguidores de la literatura de terror y supo unir con gran maestría diversos elementos sobrenaturales en una misma historia.

“El nuevo Stephen King japonés, la nueva cara del terror…”
Publishers Weekly

Otra de las grandes manías de nuestra generación es comparar cualquier obra de terror moderadamente buena con el trabajo de Stephen King. Admitamos que, de hecho, es uno de los grandes escritores de terror modernos y que su nombre pasará a la posteridad como el de una de las estrellas del firmamento. Sí, su trabajo será comparable en su momento al de Edgar Alan Poe y al de Howard Phillips Lovecraft como gran revolucionario de la novela moderna, no me cabe duda. Pero de ahí a que continuamente se le esté mencionando como la cúspide del terror tirando por tierra a otros escritores de terror igual de buenos y en ocasiones más que el propio King clama un poco al cielo. ¿Alguien duda de la calidad de Dean Koontz? ¿Acaso Richard Matheson solo sabe rellenar páginas? ¿Thomas Harris es un aprendiz de pinta letras? ¿O es que quizá Dan Simmons no merece ser ni mencionado? Dejémoslo estar…

“Desde la primera página hasta el final, Suzuki agarra al lector y lo sumerge en su lectura, en un universo escalofriante. Terror del siglo XXI.”
Asian Week

Si nos ponemos un poco puntillistas, estamos hablando aún de terror del siglo XX, aunque si Asian Week decide adelantar un par de años para meter al señor Nakata en el siglo siguiente, ¿quién demonios soy yo para negarles ese gusto? No obstante en el resto la crítica tiene toda la razón: el lector se verá arrastrado por la lectura de la aventura que se desarrolla contrarreloj en las páginas del libro y que le dará escasos instantes de descanso, pero sólo para recordarle que el tiempo sigue corriendo en contra de los personajes.

“The Ring” es el exitoso libro de Koji Suzuki que ha sido convertido en película para la gran pantalla, serie de televisión e incluso serie manga (esta última editada en España por la editorial Ivréa). Una de las principales diferencias con respecto a cualquiera de las películas es que el periodista no es una mujer, sino un hombre, y la persona que decide ayudarle en su búsqueda es otro hombre hacia el que profesa un profundo aprecio y respeto. Como sucede en la película, la familia de Asakawa ve también la cinta maldita y el reportero comienza una búsqueda contra el tiempo que le lleve a encontrar una manera de conjurar las malignas consecuencias del visionado de la cinta, que ya ha tenido ocasión de conocer. Otro detalle importante y digno de inclusión es que nadie espere una mujer saliendo del televisor para darnos un susto: la historia original no contiene nada como eso y se trató de un efecto final sólo para el cine y con el propósito de ahorrar un millar de explicaciones que figuran en el libro.

Me hubiera encantado poder incluir el primer visionado que realiza Asakawa de la cinta, pero por respeto hacia los derechos de autor (por mucha publicidad que esto pueda suponer para su venta) junto con gran extensión y el deseo de que sea realmente una sorpresa, me han llevado a decidirme a no hacerlo. Resulta destacable que el objeto que provoca la muerte sea una cinta de vídeo, algo completamente digno de la ya olvidada y por algunos muy admirada serie de televisión “Misterio para tres” (“Friday the 13th: The series”, 1987-1990), que disfrutó de tres temporadas y setenta y dos episodios en los que cada capítulo nos presentaba un objeto de gran poder que portaba una maldición, ya fuera para la víctima del mismo o para su atrevido usuario. Normalmente se trataban de objetos comunes, pero ninguna cinta de vídeo. Por si algún lector tuviese verdadera curiosidad en la lista de enseres malditos (muy aconsejables para una partida de rol de terror) puede encontrarlos en la Wikipedia dentro del apartado titulado “List of Friday the 13th: The Series episodes”.

Y es que hace algunos años a nadie se le hubiera ocurrido que ver una cinta de VHS fuera una maldición capaz de causar la muerte. Hoy, curados de espanto, sabemos que cualquier objeto o una simple canción, puede provocar la muerte. En el año 2006 se rodó una película titulada “La caja Kovak” (“The Kovak box”, Daniel Monzón), una coproducción entre España y el Reino Unido, donde la canción “Gloomy sunday” (“Sombrío domingo”), del húngaro Rezso Seres, provoca que aquel que la escucha intente suicidarse. De igual modo el propio compositor lo hizo cuando fue abandonado por su mujer en 1933, convirtiendo su melodía en una especie de “himno al suicidio”. Pero dejemos de lado toda la parafernalia de objetos modernos malditos (teléfonos móviles, vídeos, muñecos, coches…) y sigamos con la novela en cuestión. En ella, la cinta garantiza la muerte segura de aquel que la haya visto si no hace algo en concreto para evitarlo. Pero ese algo, como suele suceder, nos es escamoteado para mayor horror.

Aquellos que han visto la película ya saben exactamente qué es lo que hay que hacer, pero lo que ignoran de alguna manera es la razón. En el libro no nos dan la justificación de “extender un mensaje” que, dicho sea de paso, no parece una razón lo suficientemente poderosa como para crear una maldición una vez que el misterio de la muerte de Sadako ha sido resuelto. La novela habla de otro motivo que aparecerá expuesto más adelante. Conviene no atropellar las ideas y preparar al amable lector para un “spoil” que, en realidad, no debería leer hasta que haya dado buena cuenta del libro, que merece la pena. La grabación de la cinta maldita, por cierto, es más largo y difiere bastante del mostrado en las películas (aunque tenga algunos elementos en común). Si cabe, es mucho más perturbador que nada de lo que pudiera llegar a filmarse. Como demuestran una y otra vez los escritores de terror, las criaturas más terribles y las imágenes más dantescas son las que pueblan nuestra mente. Y nada creado por otro puede compararse con eso.

Una diferencia muy grande con respecto a lo visto en la gran pantalla es que la cinta de vídeo del libro comienza con unas letras que tratan de emitir una advertencia que se encuentra entrecortada: “Mirad hasta el final…” y “se os comerán los perdidos…”, cuyo significado Asakawa no interpreta correctamente al principio. Por último, y una vez terminados los grotescos horrores que la cinta contiene, otras palabras aparecen en la pantalla y comienzan diciendo: “Aquellos que hayan visto estas imágenes están condenados a morir a esta misma hora exactamente dentro de una semana. Si no desea usted morir, tiene que seguir estas instrucciones al pie de la letra…” y en ese momento en la cinta comienzan a aparecen imágenes grabadas de la televisión normal. Y no es hasta el final que Asakawa se da cuenta de que el resto del mensaje era sobre el acto de copiar la cinta y la exposición de la misma a otra persona más. Estos mensajes, que son advertidos al espectador por otros medios, no estaban en la cinta de la película original.

El libro transmite con gran maestría, gracias a la prosa de Koji Suzuki, una sensación de opresión y horror que se va incrementando lentamente. Como si fuese testigo del fin del mundo, el lector tiene la impresión de que ese mal que crece y se aproxima a Asakawa y su familia, como un gigantesco monstruo, no va a poder ser contenido. Incluso aquellos que tuvieron la ocasión de ver la película en su estreno, al igual que todas las versiones y secuelas posteriores, al encontrarse con una obra tan distinta dudarán del final de la misma. Y lo harán con razón pues, la reflexión del final, implícita aunque no realizada en la película original “The ring”, supone un último mazazo para el confiado espectador amante de los finales felices (suponiendo que quede alguno todavía por ahí, cosa de la espero que se me permita dudar). Ni que decir tiene que la verdadera historia no será del agrado de todos, pero sí es la que el autor tenía en mente cuando concibió la maldición de Sadako y se merece la oportunidad de ser descubierta.

De las siguientes novelas que continúan la saga no puedo dar aún opinión alguna dado que solo las tengo en una pobre traducción. No obstante, sí puedo comentar para el lector más curioso que haya llegado a este punto que, tras “The ring” (“Ringu”, 1991), el autor escribió “Spiral” (“Rasen”, 1995) y “Loop” (“Rupu”, 1998). Con esta última ponía punto y final a la serie iniciada siete años antes. Durante la misma hay algo que se pone de manifiesto: mientras que en la película el enemigo a enfrentar era la mismísima Sadako, saliendo de la televisión y orquestando todos los males contra aquellos que no quisieron difundir su mensaje, en el libro se trata de una fuerza mucho más complicada que provoca una ansiedad intensa y horribles alucinaciones visuales. En realidad, la cinta es un instrumento de ingeniería psíquica mortal unido al virus de la viruela (el libro aclara con más detalle este punto) que transmite el “Ring Virus” a aquellos que la hayan visto. Si esto resulta sorprendente no queda más remedio que agarrarnos a la silla, porque lo que queda por contar es aún más desconcertante.

Aparte del hecho de que el protagonista de la obra no sea una guapa mujer nipona llamada Reiko Asakawa sino un hombre llamado Kazuyuki Asakawa (una ventaja de usar el apellido antes del nombre es este: no tener que cambiárselo al personaje principal), no está divorciado, sino felizmente casado y tienen un hijo que, esta vez sí, también se llama Yoichi. Otro personaje que en la película no menciona nada de su pasado es Ryuji que, en el libro, miente sobre los sucesos acaecidos años atrás con humor negro y gran estoicismo por su parte, dado que no parece preocupado por sufrir la maldición de la cinta. Por otro lado, los poderes de Sadako (y también de su madre) son bastante limitados en el libro, pero en la película sería una rival prácticamente invencible, dado que posee la habilidad de la teleportación, una telequinesis de nivel increíbles, capacidad de regeneración e incluso puede matar con una sola mirada, cosa que en el libro no puede hacer por mucho que lo desee.

Versiones y continuaciones del libro en el cine:
“The ring”, (“Ringu”, Japón, Hideo Nakata, 1998)
“Ringu 2: El círculo 2”, (“Ringu 2”, Japón, Hideo Nakata, 1999)
“The ring virus”, (“링(링 바이러스”, Corea del Sur, Dong-bin Kim, 1999)
“Ringu: Saishûshô”, (“Ringu: Saishûshô” -serie de 12 episodios-, Japón, 1999)
“Ringo 0: El círculo 0”, (“Ringu 0: Bâsudei, Japón, Norio Tsuruta, 2000)
“The ring (La señal)”, (“The ring”, Estados Unidos, Gore Verbinski, 2002)
“The ring 2 (La señal 2)”, (The ring two, Estados Unidos, Hideo Nakata, 2005)
“Sadako 3D” (“Sadako 3D”, Japón, Tsutomu Hanabusa, 2012)

A partir de este punto se incluyen elementos fundamentales de la trama.

Sadako es en realidad un ser humano hermafrodita. Sufre el llamado Síndrome de Feminización Testicular, lo que quiere decir que anatómicamente es masculina y tiene un par de testículos bajo su vagina. En ninguna de las películas se menciona nada de esto, naturalmente, así como el hecho de que fue violada por un doctor que trabajaba en el lugar donde su padre estaba siendo tratado de viruela. El caso es que cuando una anciana realiza una predicción acerca de la criatura que va a dar a luz Sadako, el protagonista piensa en un niño. Pero, dado que genéticamente es un hombre, tal cosa es imposible. Pero ayudado por el fallecido Ryuji obtiene las respuesta que necesita en el libro “Las epidemias y el hombre”, concretamente en la página 191: “Reproducción: El instinto de un virus es reproducirse. Los virus usurpan estructuras vivas con el fin de reproducirse.” Era la única forma que Sadako y la cosa que nació de ella tenían de perpetuarse: copiar la cinta y enseñársela a otra persona.

Y entonces Asakawa, una vez que ha entendido qué debe hacer para salvar a sus seres queridos, se encuentra frente a uno de los mayores dilemas morales de su vida. O permite que el virus actúe y mate a su mujer y a su hijo, parando la maldición o, por el contrario, realiza una copia de la cinta. Un copia que, según se vaya transmitiendo irá variando su mensaje. El tiempo límite bajará de los siete días y habrá que hacer más de una copia por cada persona que la vea. Incluso se imagina que en breve todo Japón, y quizá el mundo, serán víctimas del resentimiento de Sadako Yamamura por la muerte de sus padres y del virus de la viruela por el ingenio de la humanidad en su contra unidos. ¿Pero acaso alguien no haría lo que él está a punto de hacer?

“Asakawa pisó a fondo el acelerador y el coche su puso rumbo a Ashikaga. Por el retrovisor podía ver el cielo sobre Tokio alejándose en la distancia. Unas nubes negras se movían por el cielo. Se deslizaban como serpientes, sugiriendo el despertar de un mal apocalíptico.”

Fin del “spoiler”.

La identidad del padre de Sadako, de su verdadero padre, no queda tampoco aclarada en la novela, aunque pareciera insinuarse en algún momento que no es de este mundo. Sea lo que sea, Sadako Yamamura se encuentra en el olimpo de los iconos de terror por derecho propio y la maestría de Koji Suzuki y el buen hacer de Hideo Nakata. La novela es, en resumen, una de las obras de horror que ya se ha convertido en un clásico por derecho propio y que no debería faltar en la estantería de un buen coleccionista de terror moderno.

Título: The Ring
Autor: Koji Suzuki
Idioma original: Japonés
Editorial: Mondadori
Páginas: 288
ISBN 10: 84-39710-35-6
ISBN 13: 978-84-39710-35-6

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