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Libros de Terror

Texturas del Miedo

Texturas del Miedo

No se dejen engañar por el achuchable “animalico” que protagoniza la portada de esta obra. Texturas del Miedo es una antología de relatos de terror no un tratado sobre catedrales góticas. Aunque lo que sí es cierto es que la gárgola bien puede servir de metáfora de lo que encontraremos dentro de las tapas de este libro: terror, y del bueno, presentado con un estilo tan cuidado como florido, un poco recargado en ocasiones, pero asombrosamente armonioso, cual imponente catedral.

La primera impresión general que uno tiene al leer la última página de este libro es que estamos ante un compendio de relatos con una calidad global más que notable, algo muy, muy destacable si tenemos en cuenta que no solo nos encontramos ante un monográfico, sino que, además, es un monográfico de un autor joven. Lo segundo, lo bien distribuidos que están los relatos en cuanto a longitud, temática o ritmo. No es baladí esta última cuestión, creo que el efecto general de muchas antologías se ve perjudicado menudencias como colocar dos relatos con características similares muy juntos, o dos historias de gran longitud sin uno o dos relatos más cortos en medio, que permitan recobrar el aliento. En esta antología esto no pasa, se lee con agilidad y con agrado, sin llegar a tener la molesta sensación de estar leyendo una variación sobre el relato anterior. Huelga decir, que esa sensación de heterogeneidad, no solo demuestra la habilidad del autor como compilador (pues suya es la elección del orden, según creo) sino también da cuenta de la versatilidad de su pluma. Teniendo esto claro, pasemos a dar unas breves notas sobre cada cuento.

El Placer de comer: Ya conocía este cuento del proyecto (Per)versiones. Cuentos Populares y me pareció una de las aproximaciones más sobrecogedoras y crueles a un cuento infantil. Durante todo el relato se respira una atmósfera densa, opresiva, el lector no puede dejar de leer, pero poco a poco va notando como un escalofrío, nada dulce, trepa poco a poco por su columna vertebral, hasta llegar a un final que puede gustar más o menos, pero que cierra la historia con coherencia. Es, sin duda, un relato genial, aunque en la misma base de su genialidad, está su Espada de Damocles. La historia de atrapa en la primera lectura, sí, lo mismo que su atmósfera, pero también pueden provocar que hasta el lector más curtido (entre los que me incluyo) pueda plantearse el realizar una relectura del mismo. Yo, de momento, llevo dos intentos vanos de realizar tal cosa, desde que leí el cuento por primera vez para el citado proyecto (Per)versiones.

El quimérico autoestopista: Tras la claustrofobia del relato anterior, nos trasladamos a una historia más introspectiva pero mucho menos opresiva. Un cuento cortito, pero con mucho jugo, una historia que te atrapa y que te pide releerla para recrearte en los juegos que establece y en su final, que no desvelaré pero es de esos que te dejan con una sonrisilla cruel en los labios.
La Clase de las tres: Creo que cualquiera que haya estudiado una carrera y que haya tenido clases a horas tan desafortunadas como las que da nombre al título se sentiría un poco identificado con esta historia. Más ligero, al menos en apariencia, que los anteriores, este cuento es ante todo la catarsis en estado puro y la prueba de que el autor no solo es un mago de las atmósferas y un buen autor de obras introspectivas, sino que también tiene buena mano para las escenas más movidas.

La mujer violeta: Tal vez este sea el relato que menos me ha convencido de la antología. El estilo de la prosa vuelve a ser impecable, sin embargo, la trama en sí trabaja con mimbres más típicos del terror actual y la historia se hace, por tanto, más predecible. Por otro lado, y esto es muy personal, el estilo de dialogo desnudo, sin casi acotaciones, que usa el autor en este relato, no me termina de convencer, sobre todo por el peso que tienen los mismos en la historia. Por un lado, los diálogos más que integrase en la trama se abren como heridas en la prosa, no se integran; por otro al ser bastante “tipicos”, los personajes más que como tales, se ven como “roles” vacíos de humanidad y al lector puede llegar a no importarle el destino de los mismos, y por ende la historia en sí, al no llegar a verlos como clichés.

De repente mi casa se convirtió en un árbol de llagas: El primer relato largo de la antología. Una historia emparentada con el horror rural que tarda algo en entrar en calor pero que, cuando lo hace, se convierte en una montaña rusa de sensaciones que atrapa al lector cual mosca en una telaraña. De estilo algo menos barroco que otros integrantes de la selección, salvo un párrafo puntual, lo mejor de esta historia es el cuidado equilibrio que el autor logra entre crudeza y tacto y la atmósfera malsana que se intuye aún antes de que el horror estalle. Como pequeño fallo, al igual que en el anterior, los diálogos no brillan a la altura del conjunto, en parte por su desnudez, en parte porque tienen un tono más cinematográfico que literario y, juntando ambos elementos, no logran resultar del todo naturales. En ese aspecto, hay un monólogo que se hubiese visto beneficiado además, de algún punto y aparte para permitir respirar a personaje y lector y que el diálogo se “oyera” más natural. Aún así, el relato brilla a gran nivel sobre todo en una impactante segunda mitad.

Alma de Cereal: Tal vez una de las piezas más emblemáticas de su autor desde que le valiera ganar el II Certamen Monstruos de la Razón en la categoría de terror, premio del jurado. Poético, cruel, excesivo en algún momento puntual, es una pequeña delicatessen que merece la pena paladear con detenimiento. Al contrario que en sus dos precedentes, aquí los diálogos fluyen a la perfección y delimitan con brillantez a los personajes que interactúan en la historia.

Cuando nos quedamos solos: Un cuento de horror con mimbres clásicos realmente delicioso. Atmosférico, sobrecogedor y con un final que se te queda calvado en la retina.

Lejano, salvaje Oeste: Otro de los relatos largos. No me explayaré mucho sobre él porque cualquier cosa que diga solo podría estropear la experiencia del lector. Solo recomendarles que se dejen llevar por la historia y la disfruten como yo la disfruté.

Feel de Horror Experience: Puede que no sea uno de los mejores, pero es uno de los que más he disfrutado. Un brillante juego sobre el horror en sí y con un toque cifi de lo más agradable.

Miedo: Otra pieza de tintes clásicos y con ciertas reminiscencias a leyendas patrias que podría trasladarse perfectamente al medio radiofónico para convertirse en un pequeño clásico del horror radiado. Si les gusta la experimentación, y no son de temperamento asustadizo, les propongo un juego: léanse esta historia justo antes de ponerse a dormir, así se saborea mejor.

Cayendo del cielo: Una historia de tintes Bergmanianos más cercana a la fantasía que al horror propiamente dicho, lo que también se traduce en un estilo menos barroco que el de otros cuentos. Como en La mujer violeta los diálogos tienen aquí un peso importante, pero, al contrario que en aquella, están resueltos con verdadera maestría, lo que hace que la historia funcione y, por qué no decirlo, toque un poco la fibra sensible del lector.

Nueva Carne: Otro relato que es mejor disfrutar con las menos referencias posibles. Solo cuatro palabras: humor negro del bueno.

Basilio Figueroa: Como en las buenas comilonas, Nacho se reserva lo mejor de su menú para el final. Más de cincuenta páginas que se leen de carrerilla por un lector que quedará tan maravillado como alucinado. Kafkiano, delirante, genial, un poco expresionista también, una experiencia única que no dejará indiferente a ningún lector.

Unos últimos apuntes rápidos. La Edición de Saco de Huesos resulta muy cuidada tanto en la forma, como en la revisión de los textos. Si pudiese achacarle un “pero” sería uno muy personal: podría ser interesante adjuntar la fecha de escritura de cada relato. No sé a otros lectores, pero al menos a mí me gusta analizar la evolución, temática o artística, que van teniendo los autores con el paso de los relatos y los años.

Título: Texturas del Miedo
EDITORIAL: Saco de Huesos
ISBN: 978-84-93807-9-6
Autor: Ignacio Cid Hermoso
Páginas: 214

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