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Mientras escribo

Portada Mientras Escribo de Stephen King

Si Mientras escribo, de Stephen King, llevara inscritas sobre su lomo una serie de advertencias, a modo de prospecto plegable de cualquier medicamento, seguramente nos encontraríamos con algo similar a esto:

1. Advertencia, no dejarse engañar por el título del libro: es más franco de lo que parece.

2. Si sus motivos para escoger esta lectura, son la búsqueda de un conocimiento oculto al común de los mortales que le abrirá las puertas del éxito, deslice su mirada hasta el punto 6.

3. ¿Se ha preguntado usted sus aspiraciones reales cómo escritor? Si la respuesta es NO, no se preocupe: estamos aquí para ayudarle a plantearse el particular.

4. ¿Cuánto lee usted al día? Si la respuesta es que no dispone de tiempo por causa de sus obligaciones cotidianas diríjase con urgencia al punto 6.

5. Advertencia, este libro contiene un 50% de evocación, un 25% de reflexión, un 20% de pedagogía (de la útil), un 5% de dogmático subjetivismo y un 100% de pura y simple (sencilla no) verdad ¿Podrá usted soportarla?

6. Si por casualidad su conciencia con respecto a las condiciones y preguntas resumidas en los puntos anteriores lo han llevado hasta aquí, olvídese de escribir con aspiraciones profesionales y dedíquese a actividades más lógicas y lucrativas, como la pesca del congrio alsaciano con arpón.

Pues sí, el que pretenda acercarse a esta obra con la intención de descubrir entre líneas el acertijo que revela el secreto de un novelista de éxito va, disculpando lo plateado de la expresión, bien jodido. Entonces, ¿para qué me sirve este libro si quiero ser escritor? Pues para empezar, y sólo para empezar, ayuda a autoevaluarse con respecto al final de la cuestión anterior, es decir, al “si quiero ser escritor” ¿Realmente quiero serlo? ¿Soy consciente del significado que ocultan esas tres vocales y cinco consonantes? ¿Me escudo detrás del concepto romántico y facilón derivado del desempeño de un futurible trabajo artístico, o realmente estoy dispuesto a despellejarme mis dedos y cuartear mis pupilas en el intento? Si tiene dudas sobre alguna de estas cuestiones, no se apure. Recuerde, este libro está para apoyarlo a descubrir la verdad sobre sí mismo, no a convertirlo en príncipe si tiene una papada gelatinosa, el problema de la alopecia no ha planeado sobre usted jamás y no se calza mocasines porque no le entran las ancas.

Lejos de cualquier intento de aspirar a la condición de manual de autoayuda y superación, Stephen King opta en su reflexión sobre el arte que le procura (y de qué manera) el peculio, por la sinceridad sin ambages, absoluta, brutal, certera y limpia, como el tajo seco de un hachazo.

Lo hace ya desde su explosivo arranque, en el que elabora una autobiografía de obrero, alejándose hasta lo inaudito de cualquier afectación (por una vez la montaña fue a Mahoma) y expresando, con una claridad, ritmo y sinceridad (sí, sinceridad, sinceridad mil veces que no ha de verse como redundante en este artículo, con su sinónimo, verdad, palabras a subrayar, ambas femeninas y, por lo tanto, sensatas, otra femenina) rememorando su relación con las palabras a través del éxito y su propio camino vital, entrelazado y paralelo a ese milagro inesperado y, como bien explica su máximo beneficiario, completamente inexplicable. ¿O no tan completamente?

En cuanto a su repercusión económica en sí. Pone los pelos de punta, por la vulgaridad de su sencillez, cómo King describe sus sensaciones, físicas y mentales, cuando recibe la llamada editorial que le cambiará la vida para siempre, una llamada que llevaba consigo un cambio de rumbo total en sus aspiraciones como escritor, un momento de magia infinita que, aun sin haberlo vivido, no cuesta imaginar a cualquiera que haya sentido el cosquilleo en el vello de la nuca al recibir un elogio sobre una creación que nos es propia.

Acabado este trayecto breve pero intenso por los senderos de la memoria, King retoma el hilo que da nombre al libro con un lacónico y efectivo título para su siguiente parte: escribir. Durante este largo apartado, el autor elabora una guía de sus herramientas empleadas a la hora de ejercer su profesión (utilizando un sencillo pero potente símil, al comparar al conjunto de conocimientos y destrezas que atesora el escritor con una caja de herramientas con diversos estantes para cada que vocabulario, descripción, diálogo y tema sean los tornillos, tuercas, brocas y arandelas, siempre subordinados a la obsesión máxima y reiterativa de King: la historia) y la enriquece con anotaciones literarias (referidas tanto a obras propias como ajenas, con un sentido admirable de la autocrítica, poniendo en entredicho la fiabilidad del autor a la hora de dar parte de lo creado), recomendaciones de estilo y modos de trabajo para principiantes y un afán obsesivo por hacer partícipe al lector de su experiencia en el proceso de creación literaria y en el disfrute de las palabras, porque como bien concluye durante un párrafo memorable, el escritor no debe concebir el hecho de escribir nunca como un trabajo, sino como un disfrute una especie de escritura-lectura de la propia creación, en la cual el primero en sorprenderse y entusiasmarse con lo contado debe ser el escritor, imperando por encima de todo la sinceridad.

¿Quiere decir lo anterior que el libro en cuestión acaba siendo una suerte de manual-varita para aprender a escribir? No, porque, como nos repite hasta la saciedad el autor, eso, simplemente, no existe. De hecho, aunque hay numerosas apreciaciones durante el texto dignas de tomarse en cuenta para todos aquellos primerizos que soñamos con alcanzar el secreto de la narración, el significado del libro, su naturaleza y la verdadera utilidad que el lector, con aspiraciones de, puede encontrarle, van por un camino muy distinto.

En realidad King se está escribiendo a sí mismo, desnudando sus filias y sus fobias, realizando una defensa rabiosamente subjetiva de lo que cree valioso y digno de admirarse en la literatura y, a la vez, desvelando el funcionamiento de su proceso creativo, pero no con el objetivo de que el ávido aprendiz copie el modelo para mejorar sus resultados, sino con la intención de compartir los lazos más comunes a todas las almas creadoras, la inseguridad del artista, el deseo de justificar el sentido de lo que hace y su amor confeso por el arte al que dedica sus horas.

Ahí radica el valor de esta obra, más allá de que se compartan más o menos las apreciaciones literarias (siempre bien argumentadas y, en mi caso particular, muy parejas a mi propio punto de vista, aunque no en todo lo tratado) que el autor defiende a capa de espada; el regalo incomparable es el poder contemplar, sin ambages y con sinceridad, la visión retrospectiva a toda una vida de dedicación a una tarea, el experimentar sus momentos agridulces, la incesante atención y sacrificio demandado por la misma, el mosaico entretejido que forma con la propia vida y la de aquéllos que le son queridos y las razones para seguir adelante.

Se podría hablar de mucho más, pues cada página leída provoca la reflexión y el cuestionamiento del problema o situación planteada, pero lo interesante no es lo que este crítico (y confeso aspirante a escritor) tenga que decir sobre su experiencia al leer este libro (y podría extenderme hasta el doble de su longitud en el análisis que promueve su lectura, tanta es la riqueza contienen sus páginas), lo interesante es que por cada par de ojos, surgirá una nueva visión y reflexión, es decir, que parafraseando a lo que se dijo una vez sobre Shakespeare (y sin hacer ningún tipo de ridícula comparación literaria entre los dos autores porque creo que la frase tiene un sentido universal aplicable a toda buena obra artística, no sólo a las literarias) “La obra nos lee a nosotros”. Desde el anaquel de tu librería más cercana, se encuentra impaciente esperando a los tuyos.

Título: Mientras escribo
EDITORIAL: Debolsillo
ISBN: 9788497597326
Autor: Stephen King
Páginas: 320

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