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Novela Negra

Manda flores a mi entierro

Portada Manda flores a mi entierro

Para Tana Marqués, “Arsénico por compasión” es la mejor película de todos los tiempos. Y Gloomy Sunday, la mítica canción compuesta por Rezsö Seress a la que se atribuyen más de cien suicidios, su tema favorito.
Porque Tana, además de dirigir una floristería, ejerce una segunda actividad mucho más lucrativa: el suicidio de aquellos clientes que, previo pago, han decidido contratar sus servicios por no ser capaces de quitarse la vida por sí mismos. Una profesión que no le da demasiados quebraderos de cabeza hasta que a su madre, a la que no ve desde hace quince años, se le ocurre la brillante idea de contratar los servicios de un policía para que localice a la hija con la que dice querer retomar asuntos que quedaron sin cerrar en el pasado.
“Manda flores a mi entierro” es la segunda novela de Ricardo Bosque, una historia que demuestra cómo las relaciones entre madres e hijas no son solo complicadas, sino que a veces pueden acabar en crímenes difíciles de explicar.
(argumento editorial)

Comentario:

Estamos delante de una novela negra un tanto peculiar: tanto los personajes como el devenir de los acontecimientos no ocurren en una gran ciudad y estamos ante un detective “glamuroso”, NO, estamos ante unos personajes que bien podrían ser los vecinos de tu casa y máxime porque la cosa ocurre en Zaragoza (a la que muchos seguimos considerando un pueblo grande). También y saliéndose de la norma actual de editar libros de más de 400 páginas donde muchas de ellas son relleno, este libro con apenas 200 nos cuenta todo lo que nos quiere contar. Y eso es un punto muy importante a su favor. ¿Para qué rellenar con historias paralelas, descripciones que a menudo no vienen a cuento, etc.? Si voy a contar un argumento, cuanto más directo vaya al meollo de la cuestión mejor para el lector, y como dice el dicho “Lo bueno si breve, dos veces bueno”.
El argumento que se nos presenta también llama poderosamente la atención. Una florista que lleva una doble vida en la trastienda de su negocio, donde se dedica a llevar a cabo los suicidios de aquellos que a última hora no se atreven y por ello contratan sus servicios, y un policía de toda la vida que debe encontrar a la hija de una acaudalada empresaria catalana que resulta ser la florista. Con ello no desvelo nada, ya que desde el principio se dice, pero a partir de su encuentro es cuando se desencadena toda la intriga.
Como decía antes, los personajes bien podrían ser nuestros vecinos de la puerta de al lado, porque además de ser normales tienen sus problemas familiares como cualquier hijo de vecino, desde cómo va a ser la comunión del hijo del inspector a sus problemas con un padre anciano y su choque con la generación de los nietos. Con ello acerca y mucho al lector. Pues éste se siente más cómodo y cercano a estos personajes que a todos estos emperifollados detectives que conducen deportivos, se casan con la chica espectacular y cuya pistola nunca se recarga.
Mención aparte se lleva el personaje del abuelo, de ideas algo cerradas y que va a ser fuente de continuos problemas y quebraderos de cabeza en la vida familiar del inspector, pero que tiene ese punto simpático del abuelo cascarrabias y que nos hará sonreír con algunas de sus “cosas”.
También el final es de los que hay que esperar prácticamente a la última hoja para descubrirlo, y es que aunque hay mayordomo, en esta ocasión tampoco se sigue la regla (además de que el autor sepa llevar la intriga muy bien y no deje nada hasta el desenlace).
Se lee con mucha soltura y es complicado no acabárselo de una sentada, porque atrae y al leer alguna cosa más del autor, la siguiente novela (Suicidio a crédito, sigue teniendo a Tana de protagonista, mientras que Cuestión de galones, la novela recién publicada por el autor aragonés, se ambienta en una Zaragoza futurista), te das cuenta que las historias te atrapan.
Con libros como el que nos ocupa, o con otros como Sabor a chocolate, se nos da un ejemplo muy claro de que a menudo con poco se puede decir y contar mucho. No es necesario tener que llenar hojas y hojas y dar vueltas y vueltas a los argumentos para estar cerca de las 400 páginas, que lo único que hacen en muchas ocasiones es llenarnos un hueco innecesario en la estantería.
Creo que a quienes nos gusta leer, también nos gusta que nos digan las cosas claras y sin rodeos, que muchas veces no hacen sino que nos cansemos y pasemos las hojas por rutina sin apenas fijarnos en lo escrito. Ya que el escritor hace un esfuerzo para escribir esas páginas, al menos que tengan algo de chicha.
Os lo recomiendo a todos aquellos que les guste el género policíaco, más cercano a El Comisario que a los del CSI (sea de la ciudad americana que sea).

Título: Manda flores a mi entierro
EDITORIAL: Mira Editores
ISBN: 978-84-8465-226-7
Autor: Ricardo Bosque Acín
Páginas: 213

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