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Libros de Terror

Los horrores del escalpelo

Portada de Los horrores del escalpelo

“Non omnis moriar”. Con esta sencilla frase se puede resumir toda la novela. Aunque claro dejándolo así sería una reseña un tanto triste y que no haría justicia a este novelón, así que tendremos que seguir menos el ejemplo de Horacio y, como carecemos de su talento, devanarnos los sesos para hacer la mejor reseña posible.

Daniel Mares, de quien no había leído nada, sorprende y lo hace con una contundencia que roza las novecientas páginas. El autor se adentra dentro de un mundo asombroso, paradigmático, lleno de contradicciones y que terminaría de manera tan brusca como había comenzado. Es decir el mundo Victoriano y lo hace de la mano de una puesta en escena verdaderamente asombrosa, plagada de calidad, de buenos detalles, de una documentación excelente y de un buen hacer que nos recrea con una facilidad absoluta las calles de Londres de finales del siglo XIX. Pediría que este libro se tradujera al inglés y se publicará en la pérfida Albión, allí obtendría un éxito absoluto porque he leído pocas novelas que recreen aquella época con tal precisión y donosura. Pondría como ejemplo esta novela sobre cómo recrear un lugar que no hemos conocido.

El autor se apoya en una documentación francamente abundante, desde los personajes, algunos reales otros ficticios, hasta personajes históricos, otros sacados de época y otros más del mundo marginal de la delincuencia de Londres, abarcando desde pequeños objetos muy del uso de la época hasta una recreación muy vívida sobre la capital de aquel imperio. Por momentos podemos sentir el ruido de aquellas calles, oler las miasmas de las cloacas de Whitechapel, percibir la pobreza, la indigencia, el dolor de algunos seres y se hace tan vívido el retrato que en algún momento si entrara alguien ataviado con ropas de aquella época y con largas patillas por nuestro salón no nos extrañaría y no veríamos nada anormal en ello.

El trabajo, por tanto, del escritor ha sido ímprobo, tomando datos de aquí y de allí para al final juntarlos en esta historia. Se percibe que el libro muestra mucho del universo del autor, de sus lecturas, de sus aficiones y también de sus intereses.

Pero la novela es mucho más, es un gran puzzle, un rompecabezas de gran calibre, al que el autor va encajando una pieza con otra, poco a poco, con paciencia supina, siendo como un río, con meandros que parecen que nos alejan de la trama principal pero en el fondo nos acercan a la desembocadura de la historia.

También el autor aprovecha para reinterpretar algunos hechos históricos, dando en algún caso una nueva visión, un elemento nuevo sobre el que recapacitar y lo hace de manera tan sutil que cuesta percibirlo, pero ahí están. Pero lo mismo que hace esa nueva interpretación también deja libre la imaginación, algo muy encomiable, dando alas a esa parte de nuestro cerebro que tan atrayente es a veces y en este caso lo es y mucho. Con gran talento rompe ligaduras, desata cuerdas y se aleja de la realidad, creando un mundo tan fantasioso como coherente, tan cercano como alejado de nosotros y tan vivo que nos parece sentir su aliento. Porque otra cosa no pero llegar a las últimas cien páginas y cuando proveemos un determinado final, el autor da un giro brusco y nos muestra lo que se venía anunciando pero que por lo menos este reseñista no supo ver. El último centenar de páginas son antológicas, mostrando donde puede llevarnos la imaginación y lo divertido que es ese camino. Tengan paciencia si asumen esta lectura porque conforme avanza mejora.

La prosa del autor es contundente, un tanto sujeta a la época en la que circunscribe la novela, pero un hecho que es de agradecer porque nos muestra a un buen escritor, alguien capaz de narrar con maestría y fabular aún con mayor garbo. Sirva como ejemplo:
“Paseamos por Whitechapel Road contemplándolas, viendo cómo se exhibían impúdicas y cómo hombres aún más despreciables se les acercaban. ¿Qué ven en ellas? ¿Qué clase de hombre puede querer intimar con criaturas como esas? De toda condición. Había militares de fiesta, y hombres que habrían abandonado a sus mujeres e hijas en casa para gozar con las concubinas de Satán, esos súcubos patéticos y desdentados, hediendo a ginebra y a glutinosos fluidos corporales masculinos recién vertidos sobre sus repugnantes receptáculos del pecado.” Pag. 199

La narración y parte de la trama nos recuerdan a novelas de otra época, cuando no existía la prisa por contar una buena historia, cuando los escritores tenían su tiempo, su manera de narrar y en ella nos sumergíamos, sin prisa, disfrutando y dejando que el autor nos llevara a un lugar o a otro, a un campo de batalla o a un oscuro callejón de alguna ciudad inglesa, recuerda y mucho a autores como Dickens o Victor Hugo, salvando las distancias claro está, autores que el propio escritor cita y a los que le sumaría una buena cantidad de escritores de dicha época, en especial, algunos párrafos y tramos de la historia me han recordado a Wilkie Collins.
La edición es encomiable, aportando mapa, personajes y fechas. Cabe destacar el esfuerzo de la editorial al editar dicha obra, a la que tal vez no le hubiera venido mal una edición en dos tomos, pero que como lector no puedo menos que agradecer el esfuerzo de presentarnos íntegramente esta historia.

Conclusión

En resumen una muy buena novela, bien contada, bien estructurada y apasionante. Parece mentira pero la cantidad de páginas no hacen pesado el relato, al contrario, a partir de la cincuentena la lectura se vuelve de una agilidad asombrosa y hace que devoremos el contenido de la novela con fruición. Me gustaría poder leer más novelas de este tono, con esa paciencia a la hora de narrar una historia, con ese buen hacer en la trama y con esa manera de arrastrarnos página tras página por una realidad tan interesante como adictiva.

Ficha Técnica
Título: Los horrores del escalpelo

Autor: Daniel Mares

Editorial: Grupo Ajec

ISBN: 978-84-15156-12-3

Páginas: 827

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