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Libros de Terror

La casa infernal

La casa infernal

La casa infernal (Hell house) fue la octava novela del escritor norteamericano Richard Matheson, nacido en Nueva Jersey el 20 de febrero de 1926. Desde 1950 se dedicó de forma activa a la escritura comenzando por relatos que fueron publicados en las revistas pulp de la época con un notable éxito. No obstante su carrera no se ha limitado a la literatura, sino que pronto comenzó a adaptar sus novelas a la gran pantalla como ocurrió con Soy leyenda (I am legend, 1954), El hombre menguante (The Shrinking Man, 1956), El último escalón (Stir of echoes, 1958), Más allá de los sueños (What dreams may come, 1978) e incluso el relato Dance of dead fue adaptado por su hijo Richard Christian para la serie de televisión Masters of horror. Ha recibido el
World Fantasy Award en 1976, 1989 y 1990 y el Bram Stoker Award a toda su trayectoria en 1984. Por si todo esto fuera poco, también fue guionista de una de las mejores series de ficción de todos los tiempos Dimensión desconocida (Twilight zone).

La sinopsis acerca de la novela La casa infernal que proporciona la contraportada de la primera edición publicada porLa Factoría de Ideas es la siguiente: Durante más de veinte años, la Casa Belasco ha permanecido vacía. Considerada el Everest de las casas encantadas, es una venerable mansión cuyas sombrías paredes han sido testigo de escenas de horror y depravación inimaginables. Las anteriores expediciones que han tratado de investigar sus secretos han terminado en desastre, siendo sus participantes destruidos por el asesinato, el suicidio o la demencia. Ahora se prepara una nueva investigación que llevará a cuatro extraños a la mansión prohibida, decididos a descubrir en la Casa Belasco los secretos definitivos de la vida y la muerte. Cada uno tiene sus propias razones para arriesgarse a sufrir tormentos y tentaciones desconocidos pero, ¿podrá alguien sobrevivir a aquello que acecha en la casa más peligrosa del mundo?

La historia comienza con Rolf Rudolph Deutsch, un millonario a punto de morir, que desea tener la certeza de si existe algo o no más allá de la vida conforme la conocemos. Para ello no va a reparar en gastos, pero quiere una respuesta segura y definitiva en tan sólo una semana. De hecho, incluso aconseja a los investigadores el único lugar del mundo entero en el que la existencia de la supervivencia de entidades después de la muerte no ha podido ser refutada: la Mansión Belasco, la casa infernal o, tal y como se refieren a ella mediante un curioso epíteto: el Monte Everest de las casas encantadas. Los escasos estudios realizados en ella han registrado todo tipo de fenómenos paranormales como son: apariciones, escritura automática, comunicaciones en sueños, fenómenos eléctricos, levitación, precogniciones, posesiones, telequinesia, olores extraños, desmaterializaciones estigmas, transfiguración, fenómenos poltergeist, bilocación… en una horrenda lista interminable.

Haciendo un inciso, todos estos fenómenos mencionados han sido estudiados por la ciencia real, demostrándose que se han dado casos auténticos de todos y cada uno de los portentos descritos, pero sin que haya podido ser reproducidos en situaciones controladas o cuando ha sido requerido. Esto, por el momento, no demuestra ni desmiente su existencia, pero deja abierta la puerta a que todo lo que se narra en ese párrafo del libro sea cierto. Incluso sobre el más extraño de todos, la bilocación (por el cual una persona u objeto puede estar ubicado en dos lugares diferentes de forma simultánea) existe documentación más o menos fiable que siempre conlleva una explicación científica asociada. En todo caso, el autor proporciona una lista de fenómenos sobrenaturales que convierten a la casa en un enemigo a tener muy en cuenta, traicionero y que utiliza vías no usuales para realizar sus ataques o cobrarse sus venganzas en aquellos supuestos en los que se siente agredido.

Si se me permite la comparación, La casa infernal tiene una cierta similitud en cuanto a su importancia argumental y como personaje mismo como no había leído desde La caída de la Casa Usher (The fall of the House of Usher, 1839), del gran maestro Edgar Allan Poe. En esta segunda casa, mucho más elaborada y estudiada literariamente que la primera, existe un mal inherente a la misma que no es exterior, sino una muestra de la decadencia que envuelve todo el relato y a los protagonistas. En lado opuesto tenemos la conocida película House on haunted hill (la versión moderna de 1999 dirigida por William Malone) en el que la casa se percibe claramente como el contenedor de todos los horrores que en ella hay, pero carece de personalidad propia por mucho que uno de los personajes, Watson Pritchett, se empeñe en repetir lo contrario de forma constante: ¿Es que nadie me está escuchando? ¡Está viva! En principio La Casa Infernal se podría situar en el medio de ambos estilos de casa encantada.

Los personajes que aparecen en la novela mantienen actitudes muy marcadas e intransigentes hasta su mismo final, cosa comprensible por otro lado y llena de realismo conociendo al género humano. Haciendo una pequeña lista con los personajes más importantes que aparecen nos encontramos con:

Lionel Barrett: Como hombre de ciencia, reputado físico investigador de todos esos fenómenos inexplicables que para él tienen una clara explicación científica, no encuentra motivos para la alarma en su estancia en la casa. Considera que todos los sucesos paranormales son resultado de la actividad de los residuos energéticos que existen por todas partes y en toda forma. Admite que ciertas personas pueden interactuar con estas energías, pero en modo alguno considera que se trate de entes con inteligencia y objetivos propios que han sobrevivido a la muerte física. Se encuentra afectado por las secuelas de la polio que sufrió de joven y su cuerpo se encuentra prácticamente paralizado de cintura para abajo, cosa que dará mucho juego a la maldad que perdura en la casa.

Edith Barrett: Es la atractiva y atenta esposa de Lionel Barrett. Generalmente no suele acompañarle en sus estudios pero, dada la naturaleza y duración de este en concreto, su presencia se hace necesaria. La joven Florence Tanner debe ser examinada de arriba abajo y en todos sus orificios corporales para confirmar que no esconde nada que pueda emplear para falsear el resultado de la prueba. Sin embargo la casa provoca en ella noctambulismo y la lleva a sacar de su subconsciente toda la frustración sexual que siente por la situación de su marido que les impide una relación de pareja todo lo plena que desearía. Además la casa está llena de elementos libidinosos, incluyendo la propia historia del lugar, que provocan tanto su repulsa como su más curiosa fascinación.

Benjamin Fischer: Antaño fue un niño prodigio en el campo de las habilidades psíquicas, con unos poderes remarcables. Por ello fue escogido para una expedición anterior a la Casa Belasco en el año 1940 de cuyo demoniaco embate fue el único superviviente. O cuando menos el único que hizo de una pieza. Dado que conoce de primera mano la letalidad de la mansión, su propósito no es ayudar a desentrañar misterio alguno. Lo único que desea es pasar la semana acordada en la Casa Belasco de la manera más tranquila posible, con sus habilidades cerradas a todo lo que podría percibir en ella y protegido mentalmente contra cualquier ataque de índole psíquico, esperando únicamente ver cómo se cumple el plazo y cobrar el dinero prometido. No está dispuesto a enfrentarse de nuevo a ese demoniaco lugar.

Florence Tanner: Es una reverenda de cuarenta y tres años que no aparenta más de veinte que lleva una iglesia donde realiza todo tipo de servicios espirituales para sus feligreses: conferencias espirituales, sanación, revelaciones y un largo etcétera. Atractiva, con un cuerpo sinuosamente femenino, su campo de acción es sin embargo el otro lado y acude a la mansión Belasco intentando poner fin a la maldición que copa sus muros dando descanso a las almas que allí se encuentren, guiándolas hacia la luz que marca el camino hacia la otra vida. Su gran atractivo físico supone un problema cuando el hijo de Emeric Belasco se fija en ella y perturba seriamente a Edith Barret. No obstante la mayor parte del tiempo está enzarzada en debates de lo espiritual contra lo científico contra el doctor Barrett, su antagonista en opiniones.

Emeric Belasco: Conocido como el gigante rugidor, Emeric Belasco preparó en su mansión una diversión poco habitual: un grupo de escogidos pudieron dar rienda suelta en el interior de su hogar a los más bajos instintos del ser humano. Desde la sexualidad descontrolada, la violencia, la mutilación, el asesinato e incluso el canibalismo. Desde su gran altura y su autosuficiencia, Emeric contemplaba todos estos hechos como Satanás lo haría en el Infierno, animando a cometer atrocidades aún mayores y tratando de ver dónde podía hallarse el límite a la bestialidad humana, si es que lo había. Pero cuando las autoridades entraron al fin por la fuerza en la casa y sólo hallaron cadáveres destrozados y signos de inaudita violencia, el cuerpo del incitador, Emeric Belasco, no fue encontrado.

Daniel Belasco: Es el hijo de Emeric Belasco, un espíritu en apariencia puro e inocente que establece contacto con la médium Florence Tanner. A pesar de las múltiples pruebas de su existencia tiempo atrás, ella es la única que da credibilidad a su persona, en contra de las opiniones de Lionel Barret y Benjamin Fischer, que lo consideran únicamente un truco de Emeric Belasco para ablandar el corazón de la espiritista y despistar su atención. Daniel se siente atraído por la bellísima mujer y no pierde ocasión de visitarla en su dormitorio o incluso salvarla la vida cuando está a punto de morir en el pantano que rodea la casa. Su existencia y paradero real es un misterio hasta casi el mismo final de la novela, cuando todos los misterios son revelados y descubrimos su verdadera naturaleza.

La película rodada años después titulada La leyenda de la mansión del Infierno (The legend of Hell house, John Hough, 1973) tuvo diferencias con la novela, aunque el guionista escogido para su adaptación fue el propio Richard Matheson. Estos cambios, aunque insignificantes para la historia, resultan cuando menos curiosas e invito al lector a que las descubra por sí mismo. Merece ser destacado, eso sí, el personaje de Benjamin Fischer, interpretado por el Roddy McDowall, el inolvidable cazavampiros de Noche de miedo (Fright night, Tom Holland, 1985) en una sublime actuación que refleja fielmente el personaje de la novela. El resto de actores realiza una interpretación correcta aunque bajo mi punto de vista sin digna de mayor elogio. Como curiosidad, el papel de Emeric Belasco está representado, que no interpretado, por el británico Michael Gough conocido por ser el mayordomo de la primera tetralogía de Batman, secundario por excelencia con más de cien películas en su haber.

Uno de los subgéneros más interesantes dentro de la literatura de terror, explotado hasta la saciedad pero no siempre de manera correcta, es la casa encantada. Los edificios parece que se contagian de la naturaleza de sus habitantes y se vuelven alegres, tristes, sombrías… y encantadas. Existen ciertas energías que parecen apegadas a los lugares donde fueron generados y parecen negarse a abandonar su morada en la que estuvieron durante tanto tiempo. La duda que surge y que provoca choque tras choque entre Lionel Barrett y Florence Tanner es la naturaleza de estas energías: ¿son simples residuos que la voluntad humana puede emplear para mover a su antojo o de forma inconsciente? ¿Se trata de personalidades que sobreviven más allá de la vida y que perduran en un espacio entre este mundo y otro? Pese a que la primera explicación es la más plausible y razonable, no debemos olvidar que nos encontramos ante una novela de terror. Sea dicho de paso, una de mis favoritas.

Los conflictos internos a los que tienen que hacer frente todos los personajes de la novela suponen un punto de interés que la hace mucho más interesante para el lector. En algunos círculos muy conservadores cuyas opiniones pueden encontrarse en ciertas páginas que no daré publicidad, afirman que existe una carga sexual muy grande en La casa infernal, ya sea mediante represión o arrebato histérico: esto es, el notable lesbianismo reprimido de Florence Tanner y la frustración sexual de Edith Barret. La casa actúa como un amplificador de las sensaciones y emociones negativas, por lo que a pesar de las apariencias se puede considerar que las dos mujeres actúan arrastradas por la influencia de la casa. No obstante las escenas a las que se hace referencia no resultan de ningún modo escandalosas y cualquier novela de hoy en día nos ofrece fragmentos más dignos de una película de clasificación X que del género al que afirman pertenecer. Naturalmente, el caso es quejarse.

El doctor Barrett ha diseñado una máquina con la que va a borrar todo rastro de energías residuales de la casa, acabando con su condición de encantada y, una vez puesta la máquina en funcionamiento, parece haber funcionado conforme se esperaba de ella. Incluso Benjamin Fischer permite que sus escudos mentales caigan y se percata, para su sorpresa, que no hay ningún residuo psíquico en toda la casa. Pero la perversidad y la astucia de Emeric Belasco ya habían previsto algo similar y el mal sólo se ha retirado momentáneamente esperando su momento para volver a salir y asestar su golpe definitivo contra aquellos que se han atrevido a desafiarle. Todos los personajes tienen una parte del rompecabezas que supone la Casa Belasco, pero la terquedad de miras de todos ellos y la independencia de sus acciones no les permite ver la imagen al completo, una imagen que el más vulnerable de todos ellos, y aparentemente el menos interesado, es capaz al final de ver.

La casa infernal utiliza el narrador omnisciente, aquel que es conocedor de todo lo que sucede y lo que pasa por la mente de los personajes del relato, incluyendo su pasado, escrito en tercera persona (lo que se denomina también narrador externo o heterodiegético) proporcionando una voz historiadora objetiva. Además el estilo de Richard Matheson en toda su obra en general y en esta novela en particular es especialmente cinematográfico, con largos diálogos que se intercalan con las descripciones justas y necesarias para situar al lector. El resultado es una novela dinámica, ligera y rápida de leer con ciertas semejanzas en la trama a La máscara de la Muerte Roja (The masque of the Red Death, Edgar Allan Poe, 1842) o incluso Los 120 días de Sodoma (Les cent vingt journées de Sodome, Marqués de Sade, 1785) en tanto a los excesos que se cometieron en la casa y que culminaron de la forma en la que ya sabemos dando origen a la maldición.

No obstante la historia se cimenta de forma muy adecuada entre los diferentes puntos de vista de los protagonistas y la forma en la que defienden sus posturas. Esta interacción entre ellos, lejos de resultar tediosa, añade un punto más interés a una historia de por sí apasionante. Dentro de la colección de Solaris Terror, este es la primera novela que se merece pertenecer a la colección, obviando las antologías de El ciclo de Dunwich (The Dunwich cycle, Varios autores) y el Necronomicón (The Necronomicon, Varios autores). Recordemos que los anteriores relatos, de una calidad literaria innegable, no terminan de encajar completamente dentro de lo que puede entenderse como: Nazareth Hill (The House on Nazareth Hill) y Silencio (Silent children), ambas del escritor John Ramsey Campbelll.

Título: La casa infernal

EDITORIAL: La Factoría de Ideas

ISBN: 978-84-8421-678-0

Autor: Richard Matheson

Páginas: 352

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