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Novela Histórica

Hopetown: La ciudad del oro negro

Hopetown la ciudad del oro negro

Sólo la lectura del título parece situarnos frente a la pantalla esperando una emocionante historia del oeste, con enfrentamientos que se dirimen a base de plomo, grandes pasiones desatadas y el petróleo como telón de fondo. El oro negro. Cuando la época del descubrimiento del oro llegó a su fin, las grandes bolsas del combustible fósil petróleo que la tierra ocultaba se convirtieron en la nueva causa de violencia indiscriminada o, cuando menos, una excusa más para ella. Y, en efecto, eso es lo que contiene la novela.

Resumen de Hopetown: La ciudad del oro negro

Tras ser testigo de la brutal matanza que acaba con toda su familia a manos del despiadado forajido Carlos Chivas y su banda, Gareth es acogido por Billy Ridley y criado en un rancho cercano a la próspera y pacífica ciudad de Hopetown, donde conocerá a Megan, la joven sobrina de su padre adoptivo.

Con el paso de los años, Gareth empieza a sentirse atraído por Megan, lo que le traerá problemas en el seno familiar. Es entonces cuando el asesino de su familia, Carlos Chivas, alias “El Español”, reaparece en su vida para poner de nuevo en serio peligro la vida de su nueva familia y la de todos los habitantes de la ciudad. Para recuperar a Megan y vengar a su familia, Gareth decide enfrentarse de una vez por todas al asesino más buscado y sanguinario de todo el oeste. En un mundo donde la violencia cabalga a galope tendido, donde la única ley imperante es la del más rápido y donde los destinos y las vidas de sus habitantes son simples piezas de ajedrez en manos de unos gobernantes corruptos; Gareth y Megan tendrán que enfrentarse a sus miedos y a los fantasmas de sus pasados para poder permanecer juntos y proteger a sus seres queridos.

De forma cronológica, asistimos a la infancia de Gareth y Megan, así como al nacimiento de amor, aunque se les impone una única condición para vivir bajo el mismo techo: el romanticismo entre ambos está totalmente prohibido. Sin necesidad de acudir a las fuentes amorosas más clásicas, como es “Romeo y Julieta”, del bardo inglés William Shakespeare, sabemos sobradamente que prohibir es despertar el deseo. Un deseo que, de todas maneras, ya se encontraba presente en los dos jóvenes. Así, Hopetown tiene su historia de amor prohibido pero que servirá para que Gareth se tome aún más en serio la tarea que se ha asignado a sí mismo de defensor de la familia de los Ridley. El lector no es testigo de la transformación de esa amistad en amor, pero en realidad tampoco resulta preciso. Parafraseando el dicho, “el amor nada de la nada y muere de cualquier cosa”.

Crítica

Fiel amante de la ciencia ficción y el terror en todas sus vertientes, debo admitir que es la primera vez que leo una novela del género denominado “western” (o “del oeste”, como las hemos conocido siempre en España) por lo que cabe la posibilidad de que mi apreciación no sea la más adecuada. Vayan por delante mis disculpas por este particular. Comencemos por el narrador de la historia, que es un único narrador omnisciente que cuenta la historia desde la tercera persona y en pasado que, como todo lector sabrá, suele ser la forma más habitual. Como se dice en el párrafo anterior, la novela está escrita de forma cronológica, con los saltos temporales adecuados para no aburrir al lector y, aunque el comienzo puede resultar algo lento (es habitual en los escritores primerizos o en aquellos que desean situar bien al lector desde el primer momento) no es algo significativo.

La originalidad de Hopetown radica, precisamente, en el hecho de que no se trata de un trabajo original: es un clásico. Mientras que nuestras librerías se llenan de vampiros, hombres-lobo, fantasmas y demás criaturas surgidas de un inframundo que no sabemos tan siquiera si puede llegar a existir (y en el fondo tampoco nos importa) la presente novela bebe de la historia de un oeste salvaje que nos han contado en innumerables ocasiones. Desde las famosas novelas de “a duro”, pasando por las películas de John Wayne (el eterno pistolero) y llegando a “Sin perdón” (“Unforgiven”, Clint Eastwood, 1992) el western clásico nunca ha dejado de estar presente. Eduardo Patiño ha recogido muchos de los elementos existentes: la venganza, la ambición, el amor, el heroísmo y sacrificio por los demás… y ha creado una obra que en su conjunto, sin embargo, resulta única.

Lo primero que llama la atención, sin duda, es el título, “Hopetown: La ciudad del Oro Negro” que ha sido maravillosamente escogido y tiene la cualidad de retrotraernos de forma mágica al ambiente del que hacía referencia anteriormente (que nunca haya leído una novela del oeste no quiere decir que nunca haya visto una película del género). El propio comienzo, que parece no tener más importancia que una chiquillada, y el lector sabrá a qué me refiero, se convierte tiempo después en el desencadenante de muchos de los hechos que suceden. Porque la pequeña Megan, ya desde muy pequeña, es una mujer de armas tomar y eso no va a cambiar a lo largo del relato. Pero es otro tema del que hablaré un poco más adelante, la fuerte y bien trazada personalidad de los personajes y su realismo a cada momento de la historia.

Los títulos de los capítulos de la obra, veinte en total más un epílogo, insinúan el contenido sin revelar gran cosa, lo que siempre es de agradecer. Comenzando por el más obvio “Hopetown” y siguiendo con “Un cadáver”, “La roca del coyote”, “Rumbo a Summerville”… hasta “Deudas cobradas”, que pone punto final a la historia a expensas de ese epílogo mencionado y que termina de atar algún que otro cabo suelto que aún restaba. Pero, ¿y antes de todo esto? El villano de turno y sus lugartenientes, el héroe, un buen puñado de secundarios con una solidez que no es habitual en ningún tipo de novela. Tanto es así que el lector puede, si no anticiparse a sus movimientos, si hacerlo hasta en su forma de pensar. Y, claro está, algo siempre tan actual como la corrupción política. Si la fe mueve montañas (¿y quién soy yo para dudarlo?) el dinero desplaza llanuras.

Esas subtramas, algunas resultas con mayor maestría con otras, pero todas ellas fantásticamente redactadas, hacen de la novela un todo de fácil lectura a pesar de su longitud, que casi alcanza las trescientas páginas. Para tratarse de una opera prima, Eduardo Patiño no ha escatimado en esfuerzos de crear un universo y unos personajes llenos de historia, de vida y de interés. Y aquí es donde aprovecho para desarrollar un poco lo que mencioné de pasada antes: la tridimensionalidad de los personajes. Todos ellos han sido construidos con un mimo y nivel de detalle que casi podría tildarse de obsesivo. Su forma de hablar, sus filias, sus fobias, sus ideales, sus costumbres… forman mosaicos compactos de personajes en lugar de meras características andantes con un nombre, algo desgraciadamente habitual, pero que el autor ha sabido esquivar con maestría.

Pero toda obra tiene algún “pero” y Hopetown no podía ser una excepción. No obstante es un “pero” que para este humilde lector en particular no tiene mayor importancia: el final de la novela parece ligeramente precipitado. Incluso la resolución del conflicto entre Gareth y “el Español” ocupa una ínfima cantidad de líneas. Para que nadie vea esto como una crítica destructiva, acudiré a una de las mejores novelas de terror de todos los tiempos, “Drácula” (Bram Stoker, 1897), en la que el conde es reducido a cenizas en apenas un único párrafo después de páginas y páginas de preparación para lo que estaba por venir. No obstante, y para aquellos que gustan de ver cerrarse tranquilamente todas las tramas argumentales, posiblemente les siga pareciendo precipitado. Personalmente creo, con toda sinceridad, que no puede pedirse más ni mejor en una primera obra.

“Hopetown: La ciudad del Oro Negro” nos devuelve el sabor, incluso de forma literal si paseamos por el rancho Ridley, del no tan antiguo oeste. Pese a que, como dije casi al principio de este texto, el western nunca ha sido un género de mi devoción, no puedo por menos que rendirme ante una novela en la que puede verse claramente el cariño con el que el autor ha escrito cada una de sus líneas y, en base a ello, recomendarla a todos aquellos que quieran sumergirse en otra época más ruda y salvaje, pero interesante y cargada de matices humanos. Estoy seguro de que no se arrepentirán.

Eduardo Patiño Pozo nació en Villafranca de los Caballeros, un municipio español de la provincia de Toledo, perteneciente a la comunidad de Castilla la Mancha. Pequeña en tamaño y número de habitantes (no ha llegado nunca a las seis mil almas) tiene, sin embargo, una rica historia de la que no parece este el lugar más adecuado para hablar. Regresando al autor de la novela, desde muy pequeño su familia le inculcó la pasión por la lectura y no hace demasiado se propuso escribir su propia novela. Tras haber intentado su aceptación por parte de diversas editoriales (un proceso farragoso y, la mayoría de las veces, tristemente improductivo) fue gracias al equipo de Éride Ediciones que pudo ver cumplido su sueño al ser su obra elegida para su publicación.


Título: Hopetown: La ciudad del oro negro

EDITORIAL: Éride Ediciones

ISBN: 978-84-15160-93-9
Autor: Eduardo Patiño Pozo

Páginas: 292

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