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Literatura Fantástica

Estación de tránsito

Portada de estación de tránsito

El libro que en esta reseña me ocupa tuve oportunidad de leerlo hace ya varios años. Hace unos días lo he vuelto a releer en un intento de acercaros esos títulos de la ciencia ficción que, en mi humilde opinión, debemos, ya no digo tener en casa, sino al menos leer una vez en la vida. Si con dieciocho años me encantó, ahora con treinta y siete lo ha vuelto a conseguir, si bien es cierto que en esta ocasión me ha sorprendido menos la historia y me he sentido más atraído por el mensaje que encierra. Pero cierto es que no ha perdido nada de su atractivo con el paso del tiempo y tengo por casi seguro que no lo hará; es más, está escrito en 1963 y espero que dentro de unos años, si Dios quiere, mis nietos también lo disfruten.

Se nos presenta el argumento con la vuelta a casa del soldado Enoch Wallace después de haber participado en la Guerra Civil Americana. Cuando llega a su hogar se le presenta la oportunidad de ser el guardián de una estación galáctica de tránsito de pasajeros. No envejecerá, salvo cuando dé sus paseos por fuera de la casa y la propia casa sufrirá unos cambios para que nada la dañe. Lo que al principio le parecerá una ocasión para conocer seres de otros planetas y para tener conocimientos que no hay en la Tierra, con el paso del tiempo se convertirá en un quebradero de cabeza, ya que no puede comunicarse con nadie, excepto el cartero que le trae las revistas científicas a las que está suscrito, ya que sus vecinos lo ven como un bicho raro y lo evitan en la medida de lo posible.

Resumen de Estación de tránsito

Aislado en su humilde granja de Wisconsin, Enoch Wallace es el embajador de la comunidad galáctica desde hace cien años. Durante este tiempo ha entablado amistad con toda clase de seres extraterrestres y se ha empapado de su ciencia, cultura y sabiduría.
No obstante, lleva una vida triste y solitaria, amargado por la incomprensión de sus vecinos humanos. Únicamente se diferencia de ellos en que no envejece, lo cual despierta el interés de la CIA, que emprende una investigación. Es a raíz de ésta y otras desventuras, cuando Enoch deberá decidir si la humanidad es digna de ingresar en la comunidad galáctica.

Opinión

Simak logra con sus palabras crearnos esa sensación angustiosa de soledad, que se convierte en melancolía cuando pasea y se acuerda de sus amigos que obviamente han desaparecido, e incluso tiene cabida un poco de amor, ya que los alienígenas le han prestado dos Inteligencias Artificiales (algo parecido a almas) virtuales, dándoles las características de sus amigos y ,claro está, se enamora de la femenina.

También lo ponen en una disyuntiva cuando tras una serie de hechos, el Consejo Galáctico lo pone a prueba y le sugiere que él, como representante de la Tierra, tiene la oportunidad de sin llegar a una guerra borrarles la inteligencia a todos los terrestres y empezar de cero. Wallace emplea diversas matemáticas extraterrestres que le indican que está próximo a una guerra mundial (esto puede ser una reflexión del propio escritor, ya que recuerdo que está escrito en 1963, en plena Guerra Fría) y se le empiezan a plantear las dudas, incluso de abandonar la Tierra e irse a otro planeta.

Enoch, a lo largo del libro, al ir conociendo a las diferentes especies que pasan por la estación y estudiando tanto su religión, como su política así como sus matemáticas o utilizando los diferentes “regalos” que le hacen, los compara con sus homólogos terrícolas y, por supuesto, salen perdiendo. Hace pues el autor una pequeña revisión de cómo está la sociedad en la época en que lo escribe.
Y si el personaje de Enoch es muy carismático, no puedo dejar de nombrar al personaje que a menudo lo visita y con el cual tiene la mayoría de las conversaciones, que no es otro que el controlador de la estación, un alienígena al que pone de nombre Ulises. Éste es la conexión con el Consejo Galáctico y el que le irá aclarando la multitud de dudas que le surgen. Curiosamente, el único alimento que toma Ulises en sus visitas es el café, del que dice que es la mejor bebida de la Galaxia. Enoch toma comida normal, pero algunos de los regalos que recibe son comida de otros mundos que previamente se han analizado para que no le produzcan daños a su organismo.
La parte negativa… pues que ahonda poco en las visitas de los viajeros y que quizás hubiese estado bien conocer algo más de sus planetas. Pero a lo mejor, hubiese sido una novela de extraterrestres y Estación de tránsito es más que eso.

Conclusión

Como he dicho al comenzar la reseña, nos encontramos con un libro por el que los años pasan bastante bien, quizás ubicándolo en su época de escritura se entiendan algunas de las cosas que le ocurre o que piensa el protagonista, pero ése es un ejercicio que muchos libros aportan al lector.

Es otro de esos libros que deberían formar parte del Patrimonio Literario de la Humanidad, “a pesar” de ser ciencia ficción.

Ficha Técnica

Título: Estación de Tránsito (Way Station)
Autor: Clifford D. Simak
Año de publicación: 1963.
Editorial: Minotauro
Colección Kronos
© 1963, Clifford D. Simak
© 1980, Martínez Roca
Traducción de J. Ribera
1ª Edición, Mayo 2003 (de esta edición)
Género: Novela / Ciencia ficción / Viajes intergalácticos / Clásico / Narrativa americana
ISBN: 9788445073483
Páginas: 208

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