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Literatura Fantástica

En la Ciudad Oscura

En la ciudad oscura

La sinopsis de la novela que nos proporciona la editorial Grupo AJEC es la siguiente: “En la segunda década del siglo XXI Madrid es una de las ciudades más oscuras y peligrosas del planeta, sumida en la decadencia, azotada por la corrupción, una crisis sin fin y una epidemia para la que oficialmente no existe vacuna. La muerte de un ciudadano norteamericano en un hotel de segunda categoría, aviva en el agente Juan Saucedo a replantearse la venganza contra los culpables de que carrera se truncara, provocaran su divorcio y se convirtiera en un adicto a la nueva droga que barre en las calles, el Nimbo. Su investigación sobre la muerte del extranjero, en principio un caso más, le lleva a una carrera contrarreloj para descubrir la que puede ser una de las mayores conspiraciones imaginadas, similar a la que provocó su caída años atrás. Pero con cada vez menos apoyo entre los suyos, y con Asuntos Internos presionando para que deje el caso, Saucedo encontrará el arma con el que llevar a cabo su venganza y reconciliarse con el pasado.”

Ángel Torres Quesada, nacido en Cádiz en 1940, está considerado por buena parte de los lectores como el gran maestro de la aventura espacial es España. De niño, según declaró, disfrutaba con las historias de “Flash Gordon” del semanario “El aventurero”, que compraban sus hermanos mayores. En parte, este héroe es la razón de elección por la ciencia ficción, un género mucho menos antaño, primando las historias bélicas, del oeste y policíacas. Publicó sus primeros relatos en revistas locales e intentó escribir varias novelas sin conseguir finalizar ninguna. Al terminar el servicio militar consiguió publicar su primera obra mientras compaginaba la pasión literaria con su oficio de pastelero. “Un mundo llamado Badoom”, publicada en la colección “Luchadores del espacio” de la “Editorial valenciana” fue la primera de las más de un centenar de “novelas de a duro” con los pseudónimos de “A. Thorkent” y “Alex Towers” que fueron recuperadas años después por “Ediciones Robel” en las veintiocho novelas que forman la saga de “El orden estelar”.

Sus primeros trabajos incluyen relatos cortos para “Nueva dimensión” y “Acervo”. La famosa trilogía de “Las islas” y “La dama de plata” fueron escritas con un ordenador Amstrad de la época de los ocho bits. “El círculo de piedra” y “Sombras en la eternidad” son algunos de sus otros trabajos. En 1995 escribió una de sus obras maestras: “Los vientos del olvido”, novela que se convirtió prácticamente en profética tras el atentado a las Torres Gemelas del fatídico 11-S. Sin embargo, y dadas las continuas negativas que recibió para su publicación por parte de varias editoriales, que la calificaban incluso de histórica, decidió autoeditarse para poder presentar su trabajo en la Hispacón de Cádiz de 1995. Hasta el momento el autor ha llevado siempre una trayectoria ascendente en su calidad literaria (con tropiezos insignificantes como cualquiera puede tener). Era colaborador habitual en “La memoria estelar”, una columna de opinión de la página “Bibliopolis”, con unos artículos muy interesantes que interrumpió en 2004 y que retomó en 2006 hasta 2007.

Ángel Torres Quesada escribió muchas “novelas de a duro”, que en los Estados Unidos fueron conocidas como novelas “pulp”. En España tuvieron títulos como “Colecciones populares”, “Novelitas”, “Bolsinovelas” y otros muchos, aunque hoy en día se las conoce con ese término tan jocoso de “novelas de a duro”. Estas novelas generalmente cumplían las siguientes condiciones: temática muy diversa (ficción, bélica, oeste…), baratas de precio, encuadernación rústica, tamaño inferior al de los libros normales, aspecto no muy cuidado y de calidad literaria generalmente mediocre. Por supuesto, hubo muy honrosas excepciones. Muchas de estas novelas fueron pequeñas joyas maltratadas en su momento por pertenecer al grupo de “novelas de a duro”, siendo de calidad más que notable, como en el caso de Domingo Santos (que firmaba con el apodo de Peter Danger) o de Ángel Torres Quesada (que firmaba con los apodos ya vistos) que es, además, uno de los autores más prolíficos de este tipo de novela en el campo de la ciencia ficción.

“En la ciudad oscura” es una novela negra futurista distópica con un final emotivo que hace la de la novela un relato absolutamente redondo. En contra de algunas opiniones y la misma apariencia, la novela no puede enmarcarse dentro de la corriente cyberpunk. El movimiento cyberpunk, para quien necesite o quiera saberlo, es un subgénero de la ciencia ficción que se enfoca hacia la alta tecnología unido a un bajo nivel de vida. Según Lawrence Person, “los personajes del cyberpunk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que viven al margen de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano”. Desde el punto de vista de Person y, paradójicamente, el protagonista de “En la ciudad oscura” sí cumple, sin embargo, cumple buena parte de esta definición. El Madrid descrito, al tiempo, recuerda en ocasiones a las sociedades de Philip K. Dick o a William Gibson.

El protagonista de la novela es un policía llamado Juan Saucedo cuya conducta deja mucho que desear. Además de divorciado por su propia culpa es alcohólico, drogadicto, fumador, insubordinado y de gatillo fácil. Obviamente Saucedo no es un héroe al uso normal, sino un antihéroe, un policía corrupto en una sociedad en el que la corrupción no es la excepción, sino la norma. Policías, abogados, jueces y políticos están vendidos al mejor postor si la cantidad de dinero es lo suficientemente importante. Sin embargo, y a pesar de su clara inmoralidad como personaje, posee su propio código de honor y una tenacidad a prueba de bombas. Esas facetas positivas de su personalidad consiguen a lo largo de la novela que el lector coja por el personaje un cierto cariño a pesar de su comportamiento insufrible. Especialmente cuando descubrimos que, tiempo atrás, toda su vida cambió por una investigación en la que estaban implicados altas personalidades que destrozaron su vida y, desde ese momento, fue incapaz de volver a ser el que era.

La ciudad de Madrid es una mezcla de lo más repugnante que puede encontrarse en películas como “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) y los adelantos tecnológicos pero la decadencia moral, “Robocop” (Paul Verhoeven, 1987) con una ciudad llena de caos y delincuencia que ha sido permitida e incluso fomentada, “Días extraños” (“Stangre days”, Kathryn Bigelow, 1995) por la venta de clips que reproducen la vida de otras personas en la línea de los discos de programas de realidad virtual de la novela (algo que también aparece en los cómics de la Línea Marvel 2099 y algunos otros más que el lector tendrá en mente. Futuros distópicos donde se cumple la máxima de la película “El caballero oscuro” (“The dark knight”, Christopher Nolan, 2008) donde Harvey Dent dice que o “mueres siendo un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en un villano”. Y todo ello se une en Juan Saucedo, un hombre que se ha saltado todas las reglas, que siente una debilidad por su hija que lo humaniza y que está dispuesto a llegar al fondo del asunto por una razón: es muy terco para saber cuándo parar.

El detonante de la historia es la aparición en un hotel de los bajos fondos de la ciudad de un ciudadano americano. Tanto Juan como su compañero Herminio reciben el aviso de acercarse a investigar cuando su turno estaba próximo a finalizar. Y esa pequeña fatalidad es la que hace que todo se dispare. Lo que en apariencia tiene aspecto de suicidio tiene todo el aspecto de tratarse de un asesinato, aspecto que Saucedo detecta inmediatamente. De dos viales de “Nimbo” que hay en la escena del crimen, Juan decide quedarse con uno de ellos y entregar el otro, lo que le hace blanco de personalidades muy poderosas que ya provocaron su caída en el pasado y están dispuestas a volver a hacerlo en el presente. Saucedo acaba de convertirse en un objetivo de primera clase al tener en su poder, sin saberlo del todo, información de un complot que se está desarrollando a escala mundial y que para poder seguir su desarrollo según lo previsto debe ser mantenido en el más absoluto de los secretos. Pero nuestro antihéroe no es un hombre de secretos.

La ciudad de Madrid se encuentra bajo el yugo de una nueva droga, llamada “Nimbo”, cuyo consumo se extiende como la pólvora. Dicha droga hace de todos sus consumidores poco menos que marionetas dispuestos a hacer lo que sea preciso para conseguir su dosis, y entre lo que es preciso se encuentra el asesinato, por supuesto. Bandas callejeras controlan el tráfico de esta sustancia nueva, algunos lotes de los cuales están adulterados y Saucedo incluso hace que un drogadicto la pruebe antes de llevarse para su propio uso todas las dosis que tiene. Pero el destino ha querido que una de las dosis que recoge Juan Saucedo en el escenario del crimen del americano y que guarda para sí sea algo más que una dosis más de la droga “Nimbo”. Se trata de una sustancia por las que mucha gente importante se pone en pie de guerra para detenerle y hacerse con ese vial de lo que parece ser droga al precio que sea. Pero también necesitan saber cuánto sabe Saucedo de lo que está sucediendo y si tiene alguna idea de qué es lo que ha recogido de la escena del crimen.

El planeta entero está siendo arrasado por una enfermedad mortal, extraña, de origen desconocido y que es más peligrosa que el SIDA, el Ébola y la gripe aviar al tiempo. No existe vacuna alguna, tan sólo sustancias normales para paliar los síntomas hasta que llega la muerte que, en el estado en el que se encuentran los enfermos resulta más que misericordiosa. Aquellos que están enfermos o son sólo por el momento portadores de la plaga son marcados y retirados de la circulación de la forma más rápida posible para no hacer evidente la alarma social que debería desatarse ante lo que está sucediendo. Las calles se van llenando de muertos en cantidades cada vez mayores, por lo que hay un servicio de furgones de color negro del servicio de limpieza bautizado como “GIE”, de los que resulta conveniente ocultarse. Ellos son los encargados de recoger los cuerpos contaminados de los fallecidos por la mortal plaga y hacerlos desaparecer en piras funerarias como no se veían desde la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿de dónde ha surgido la plaga?

La Organización Mundial de la Salud dice que se trata de un retrovirus que se encuentra bajo control, al tiempo que los medios de comunicación esparcen a los cuatro vientos mentiras en las que afirman que las muertes son muy esporádicas y que el número de personas contagiadas va en descenso. Por supuesto, el Gobierno de turno dice que el virus está a punto de ser erradicado de las calles. Mentiras y más mentiras que ocultan una verdad escalofriante que, incluso una vez averiguada, cuesta de creer. Lo que en un principio aparece como una gripe común termina transformándose en una dolorosa enfermedad que conduce, indefectiblemente, a la muerte en menos de dos semanas. Sin excepciones. Naturalmente no faltan las teorías al respecto de su creación pero, como suele ocurrir según la Ley de la Navaja de Ockham (también llamado Occam), el postulado con el menor número de presupuestos suele ser el auténtico. Esto es: la versión más sencilla suele ser la verdadera. Y ese es el caso que se cumple también para “La Plaga”

Y Juan Saucedo se lanza a investigar con la misma discreción de un dinosaurio sin importarle mucho quién tenga que caer hasta que él consiga averiguar la verdad. Sus enemigos ya eran muchos, pero una vez metido en la investigación aumentan como los ácaros de un colchón y más ante su falta de sutileza, recordando, para aquellos que vemos algo de cine español, a Juanjo Puigcorbé en “Besos de gato” (Rafael Alcázar, 2003) con una joven Leticia Dolera como coprotagonista. En dicha película Fran acude en ayuda de su hija para buscar a su novio, en parte para destapar lo que él considera que es un tipo barriobajero e indigno de su niña. Finalmente es él quien termina demostrando que no merece la pena pero es capaz de redimirse ante su hija y ante los espectadores, en parte, por meterse de cabeza en todos los fregados sin importarle las consecuencias para ayudar a aquella persona a quien más quiere en el mundo. Juan y Fran son personajes carentes de una moral sólida, de unos principios firmes, pero que pese a todo acaban haciendo lo que está bien.

Por último, sólo comentar un poco lo que se cuenta en los mentideros de internet que mucho me temo que sea cierto. Al margen de faltas ortográficas, errores de sintaxis o incluso algún pequeño fallo argumental que otro, fácilmente olvidables todos, “En la ciudad oscura” resultó finalista del Premio Minotauro 2009, premio dedicado a la Ciencia Ficción, Fantasía y Terror, que perdió en favor de “El templo de la Luna” de Fernando Jiménez López del Oso (y que he tenido ocasión de leer). No me cabe duda de que “El templo de la luna” es una magnífica novela de aventuras donde se unen las conspiraciones, con los templos perdidos, artefactos alienígenas y el Cuarto Reich Nazi, lo que nos sitúa ante una especie de novela del celebérrimo Indiana Jones de gran calidad. Pero “En la ciudad oscura” es una obra que molesta, que incordia, que inquieta. Se parece demasiado a nuestro propio mundo, a nuestra propia ciudad como para leerla y no sentir un escalofrío por la espalda viendo lo cerca que estamos de que algo así pueda suceder. ¿Fue una novela finalista con justicia o mereció ganar?

Quizá era poco políticamente correcta para poder ganar aun cuando lo mereciese, ¿no? Y ese pensamiento me disgusta porque la literatura debe hacer eso: molestar y remover conciencias. Pero, naturalmente, yo no fui parte del jurado…

Título: En la Ciudad Oscura
EDITORIAL: Grupo AJEC
ISBN: 978-84-15156-14-7
Autor: Ángel Torres Quesada
Páginas: 288

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