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Libros de Terror

El Ciclo de Nyarlathotep

El Ciclo de Nyarlathotep

La sinopsis que nos proporcionó en su día la editorial La Factoría de Ideas era la siguiente: “Se sabe que Nyarlathotep, el Poderoso Mensajero de los Dioses Exteriores, también porta nuevas de los Primigenios. Es el único Dios Exterior que ha decidido personificar su presencia en nuestro planeta. Deidad de las mil formas, acude a la Tierra para mofarse, para sembrar el caos y avivar los impulsos autodestructivos de la humanidad. Este volumen de historias y poemas ilustra la ubicua presencia de Nyarlathotep y lo muestra en sus distintos aspectos. Entre ellos, cabe resaltar su presencia como Nephren-Ka, el temible Faraón Negro del Egipto de las dinastías. Entre los trece relatos se cuenta una novela corta de Lin Carter. Robert M. Price contribuye con un prefacio para cada historia y la introducción.” Esta breve introducción venía acompañada de dos párrafos de vital importancia para comprender el contenido del libro que el lector tiene entre manos.

“Las leyendas antiguas resultan difusas y ambiguas y, en el pasado, todos los intentos por cubrir abismos prohibidos parecían complicarse a causa de extrañas y terribles alianzas con seres y mensajeros del exterior. Ahí estaba la figura inmemorial del representante o mensajero de poderes ocultos y pavorosos: el Hombre Negro del culto a las brujas, y el Nyarlathotep del Necronomicón.”
H.P. Lovecraft, “Los Sueños de la Casa de la Bruja”

“Se cernía sobre nosotros en toda su babeante hediondez el Poderoso Mensajero, el Caos Reptante que había surgido de la negrura debajo de las pirámides en plena noche. Olvidado durante siglos, enterrado junto a civilizaciones que eran más antiguas que el hombre, yacía bajo el corazón de Nueva Orleáns y, a sus pies, estos grandes hombres no eran más que necios insípidos que habrían huido despavoridos de haber sabido lo que representaba aquel coloso de piedra magníficamente esculpido.”
J.G. Warner, “El Titán de la Cripta”

Pero, ¿quién es el ser conocido como Nyarlathotep? Tan misterioso y ambiguo como siempre en sus definiciones y en la clarificación de su panteón cósmico, Lovecraft proporciona algunas sugerencias sobre esta criatura, si es que realmente es una. Es definido como “el alma y el mensajero de los dioses” pues es el único que tiene la libertad precisa y la capacidad para poder hacer semejante función. Sus nombres son tantos como sus rostros y recibe algunos epítetos tan evocadores como “el Caos Reptante”, “el Ojo que Todo lo ve”, “Aquel que se Retuerce”, “el Agitador Aullante”, “la Cosa de la Máscara Amarilla”, “el Demonio Oscuro”, “el Faraón Negro”, “el Horror Esquelético”, “el Horror Flotante”, “el Mensajero de los Primigenios”, “el Morador de las Tinieblas”, “el Oscuro”, “el Ser Sin Piel” y muchos otros más. Pareciera que colecciona y atesora esos nombres mientras aguarda en su gran caverna, en el centro del mundo, acompañado de dos flautistas amorfos y estúpidos que tocan sin cesar.

Recordemos que una de las más importantes es la que le define realmente: “el de los mil rostros”. A pesar de que algunos le reducen a las simples señales telepáticas que conectan a los Primigenios, se olvidan que en algunas ocasiones ha mostrado reluctancia a comunicar ciertos mensajes, según sus ignotos caprichos, lo que le concede voluntad propia más allá de toda duda. Si alguna vez no la tuvo, es obvio que ahora goza de ella. Y para mostrarse tiene más de mil rostros diferentes que mostrar que dependen, también, del observador que tiene las agallas suficientes para contemplarle. Así pues su forma no es variable, sino que también fluctúa. Hay quien cree que su verdadera forma es la de un barro de aspecto bilioso con el que puede tomar mil formas distintas. Y también puede ser cierto. Como todo epíteto, puede ser una simple forma de nombrarlo y, por tanto gozar de más de mil formas de las cuales no hemos conocido ni siquiera aún un mero centenar.

Aquí aparece una de las pequeñas insinuaciones del maestro y otros autores que comparto con gran temor: ¿y si no existiese más criatura que Nyarlathotep y todas las demás sólo fueran aspectos de su ser? Quizá no exista ningún “Cthulhu”, “Hastur” o “Tsathoggua” y todos ellos sean meras máscaras de esta insidiosa criatura, quizá la única real en todos los Mitos. Naturalmente, es sólo una teoría… ¿o no? En cualquier caso los primeros documentos que le mencionan se remontan al antiguo Egipto, lugar con el que está íntimamente relacionado. Era adorado como “Nyarlat” señor de la noche y protector de los hechiceros pero, pasado un tiempo, sus mismos seguidores se asustaron y trataron de borrar toda referencia a su existencia. Tiempo perdido, por su parte: el culto a “Myarlat” reapareció intermitentemente y bajo el reinado del faraón Nefren-Ka se añadió el sufijo “-hotep” a su nombre, que en egipcio significa “el satisfecho”, pasando a gozar del nombre porque el que ahora le conocemos.

Como ya sucedió en su momento con el nombre “Necronomicón”, la inspiración para la criatura que conocemos como “Nyarlathotep” le llegó al escritor de Providence gracias a uno de sus horribles y realistas sueños de los que tanto material extrajo para sus novelas. En una carta a su amigo Reinhardt Kleiner, datada en 1921, describe la experiencia como la más traumática desde su infancia. En ella, recibía una carta de su amigo Samuel Loveman (poeta, crítico y dramaturgo) en la que le decía: “No dejes de ver a Nyarlathotep si viene a Providence. Es horrible -más horrible de lo que te puedas imaginar- pero maravilloso. Te atrapa durante horas. Todavía tiemblo al recordar lo que me mostró”. Existe una versión en cómic de “Nyarlathotep”, por el autor argentino Hernán Rodríguez, recomendable por su fantástico guión y dibujo (“Visiones”, Colección “Made in Hell”, número 65, Norma Editorial) donde se muestra a Nyarlathotep como un hombre espectáculo errante con una abominable función.

Y ahora que hemos atisbado ligeramente la naturaleza de Nyarlathotep, regresemos al libro que nos ocupa y veamos lo que nos reserva:

“El Ciclo de Nyarlathotep” se divide en una introducción, tres poemas y quince relatos:
Introducción (Robert M. Price)
Relatos
Alhireth-Hotep el profeta
El pesar de la búsqueda
Nyarlathotep
Tres Poemas
1. La segunda venida
2. Cae el silencio sobre las murallas de La Meca
3. Nyarlathotep
Los sueños de la casa de la bruja
El que acecha en la oscuridad
El que habita en la oscuridad
El titán de la cripta
El templo del Faraón Negro
La maldición del Faraón Negro
La maldición de Nephren-Ka
El templo de Nephren-Ka
El papiro de Nephren-Ka
El hocico en la alcoba
La esfinge contemplativa
El Egipto de Ech-Pi-El

Introducción
Robert Price, antologista y presentador de la obra, nació en Mississippi en 1954 y desde el año 1990 ha publicado un gran número de antologías basadas en los Mitos: “Cthulhu 2000”, “La Saga de Hastur”, “El Ciclo de Cthulhu”, “El Necronomicón” y el presente libro, “El Ciclo de Nyarlathotep”. En la introducción realiza una amalgama de reflexiones perfectamente razonadas y descritas en las que relaciona a Nyarlathotep con el antiguo Egipto, la religión hindú y budista y, como buen creyente cristiano, no desaprovecha para realizar una interesante comparativa religiosa entre el terrible “Caos Reptante” y ciertos pasajes extraídos de la Sagrada Biblia. Price es una persona culta de grandes conocimientos religiosos cuyo trabajo muy frecuentemente nos hace perder de vista que nos encontramos ante una obra con carácter un poco menos especializado y más populista que, con el tiempo, sin duda ha alcanzado la categoría de mítica. Nueve páginas plagadas de conocimientos después comienza el primer relato.

Alhireth-Hotep el profeta
Lord Dunsany se llamaba en realidad Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIII Barón de Dunsany. Nació en 1878 y falleció en 1957. Fue un dramaturgo y novelista anglo-irlandés conocido, muy especialmente, por sus cuentos maravillosos. Héroe de guerra y osado aventurero viajero, resultó una influencia fundamental en la obra de Lovecraft, especialmente en sus relatos oníricos. El joven de Providence vio en él reflejadas todas sus carencias pero, lejos de sentir envidia, promovió aún más su admiración. Titulado originalmente “Alhireth-Hotep the prophet”, fue publicado en 1906. El relato en cuestión se engloba dentro de “Los dioses de Pegana”, donde se cuentan las historias de falsos profetas como “Ahrireth-Hotep” y, pese a que es el único punto en común que parece mantener con el “Caos reptante”, es obvio que el nombre de dicho falso profeta sirvió en buena medida, aunque fuese de forma inconsciente, para la creación de la criatura llamada Nyarlathotep.

El pesar de la búsqueda
Titulado originalmente “The sorrow of search” y publicado en 1906, también es obra de Lord Dunsany. Robert Price no desaprovecha la ocasión, como ya hemos comentado que hace en el prólogo para establecer paralelismos con pasajes del Nuevo Testamento. La culpa por haber rechazado radicalmente este tipo de relatos en un primer momento y después haber vuelto apasionadamente a ellos, atormenta un poco al antologista que parece en la obligación de explicarse de cuando en cuando. En este cao se trata de una búsqueda religiosa que se vuelve un camino sin fin en el que cada dios apunta a otro por encima de él hasta regresar al punto de partida. Esta unidad basada en la multiplicidad parece la misma que se encuentra en Nyarlathotep y justifica la inclusión de este maravilloso relato en la antología. La moraleja que parece extraerse de esta historia es que todos podemos encontrarnos caminando por el camino de la verdad, pero no podemos aspirar llegar jamás a ella.

Nyarlathotep
Con un título homónimo, Howard Phillips Lovecraft presentó este poema en prosa en el año 1920. No creo que sea preciso realizar presentación alguna del maestro, por lo que procedo a comentar la obra en cuestión. Tal y como indica Price, la atmósfera de la historia es asfixiante, cosa que él achaca a la pesadilla de Lovecraft, en la que debieron influir las demostraciones públicas de Nikola Tesla (genial físico y matemático austriaco). El comienzo del poema ya anuncia un ambiente de espera, una sensación de peligro cercano y de catástrofe inminente. Nyarlathotep hace su aparición desde Egipto como un sabio erudito, creando extraños artefactos y hablando de la electricidad y la psicología (en efecto, un trasunto de Tesla). Su presencia crea expectación en el narrador que se aproxima hasta el lugar donde Nyarlathotep realiza sus prodigios y de donde son expulsados todos al tiempo que se produce un fallo eléctrico, una visión compartida y todo se precipita hacia el caos más absoluto…

Tres poemas
Bajo este aparentemente bucólico título, el antologista engloba tres poemas en los que ve una progresión en la figura del enigmático Nyarlathotep, al que su educación religiosa le obliga por fuerza a identificar con el Anticristo. Las revelaciones se van sucediendo lentamente hasta el final, donde se produce el advenimiento del Caos Reptante, vestido en ropas rojas como la sangre y acompañado bestias que lamen, sometidas, sus manos. Se aproxima el fin de los tiempo aunque, como dijo Dionisio el Cartujano: “Sabisne fatigavimus nos cum Antichristo isto maledicto?” Lo que se traduce como: “¿No nos hemos cansado ya de hablar de este maldito Anticristo?” Pues, con sinceridad, creo que no.

La segunda venida: Titulado originalmente “The second coming” y publicado por William Butler Yeats en 1920. Nacido en Dublín en 1865 y fallecido en 1939, este poeta y dramaturgo fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923. Renunció al protestantismo y abrazó el budismo. El poema narra un momento clave del “Apocalipsis”, más claramente traducido al inglés como “Libro de las Revelaciones” donde ya se avisa que antes de la Segunda Venida del Mesías, aparecerá el Anticristo que arrastrará tras de sí la guerra, la muerte, el hambre y la enfermedad, provocando una devastación como nunca ha habido igual en la historia del mundo hasta que el verdadero Salvador aparezca de nuevo en el mundo, derrote al maligno e imponga Su Reino en la Tierra.

Cae el silencio sobre las murallas de La Meca: Titulado originalmente “Silence falls on Mecca’s Walls” y publicado por Robert E. Howard en 1989. Nacido en 1906 y fallecido en 1936, fue un profuso autor de personajes de la talla de Conan, el rey Kull y Solomon Jake. Por desgracia se quitó la vida con tan sólo treinta años. En este relato, el fabuloso autor narra el nacimiento del Anticristo, bautizado aquí como “Ammon-Hoteph” y a quien debemos considerar un trasunto de Nyarlathotep. En el cielo, estrellas blancas aparecen rodeadas de otras de diversos colores. Como ocurre con el alzamiento de Cthulhu desde su prisión submarina, la ciudad de pesadilla y antieuclidiana de R’lyeh, es muy probable que las estrellas estén en ese momento en su alineación correcta.

Nyarlathotep: Titulado originalmente “Nyarlathotep” y publicado por Howard Phillips Lovecraft en 1931. El soneto con el que termina esta terna de poemas es de corte apocalíptico y en la misma línea de los anteriores. Lovecraft imagina a este poderoso ser surgiendo de Egipto, vestido complemente de rojo sangre y con la manos siendo lamidas por obedientes, terribles y sumisas bestias. Con él lleva la destrucción más absoluta que imaginarse fuera y, al final, sólo le resta soplar para esparcir a los cuatro vientos lo que una vez fue el mundo que conocemos. El simbolismo con la bomba atómica parece bastante claro. De extensión breve, resulta altamente efectivo y, de alguna manera indirecta, complementa y completa los dos poemas anteriores formando un conjunto que Price, con buen criterio, decidió presentar juntos.

Los sueños de la casa de la bruja
Originalmente titulado “The dreams in the witch-house” fue escrito por Howard Phillips Lovecraft y publicado en julio de 1933 en la revista “Weird Tales”. La historia gira en torno a Walter Gilman un joven estudiante de Matemáticas de la Universidad de Miskatonic que es constantemente atormentado por pesadillas en las que una mujer, con aspecto de bruja, se le aparece acompañada de un familiar con aspecto de rata humanoide. Interesado en las artes ocultas y su relación con las matemáticas, ocupa el cuarto que tiempo atrás perteneció a la mujer. Otra figura se une a las anteriores, que con capaces de moverse más allá de los límites del espacio euclidiano. Se trata del Hombre Negro, de aspecto amenazador y temible y que es una de las máscaras más conocidas de Nyarlathotep. Perturbador, desasosegante y quizá algo más extenso de lo que debería, el relato es uno de los más conocidos de su ilustre autor y uno de los más interesantes de la antología de “El Ciclo de Nyarlathotep”.

El que acecha en la oscuridad
Titulado originalmente “The haunter of the dark” fue escrito por Howard Phillips Lovecraft en 1935 y publicado en la revista “Weird Tales” en 1936. El protagonista es Robert Blake, un trasunto de su amigo Robert Bloch a quien le dedica el relato como respuesta al que este le escribió: “El vampiro estelar” (“The shambler from the stars”, 1935) donde un remedo del autor encuentra una muerte espantosa. En la historia Robert Blake es un artista que vive cerca de la iglesia de Federal Hill. Tras visitar su interior oscuro descubre el “trapezoedro brillante” hallado en una expedición en Egipto. Toda esta información es proporcionada al lector a través de un diario que poco a poco se transforma en un mero garabateo de indescifrables notas. El tono siniestro de la historia se incrementa a lo largo de la misma y aparecen menciones notables como la de Roderick Usher. Se encuentra en la línea de los mejores relatos del autor y, además, tenemos la suerte de gozar con una continuación

El que habita en la oscuridad
Titulado originalmente “The dweller in darkness”, fue escrito por August Derleth en 1944. Es el responsable de introducir los Dioses Arquetípicos, favorables a la Humanidad, transformando el horror cósmico original en un maniqueísmo no del agrado de todos. El “Conde d’Erlette”, como le bautizó Lovecraft, tiene dieciséis colaboraciones póstumas con su maestro basadas en el famoso “Commonplace Book”. Se considera este relato una suerte de remake de “El que susurra en la oscuridad” al contener todos los elementos de aquél. De hecho incluso utiliza el comienzo de “El horror de Dunwich” (“The Dunwich horror”, 1928) y la definición del miedo que realizó Lovecraft en su ensayo sobre “El horror sobrenatural en la literatura” (“Supernatural horror in literatura”, 1939). Los protagonistas del relato, el profesor Laird y su amigo Jack viajan hasta la región de Rick’s Lake para investigar la desaparición del profesor Upton Gardner. Allí encontrarán mucho más de lo que pueden comprender o aceptar.

El titán de la cripta
Titulado originalmente “The titan in the crypt” fue escrito por J. G. Warner y publicado en 1963. Al igual que el anterior, este relato es la amalgama de otros ya conocidos como “El ceremonial” (“The festival”, H.P. Lovecraft, 1923) o su homenaje “El último festejo de arlequín” (“The last feast of harlequin”, Thomas Ligotti, 1990). La historia se presenta como una carta de Paul a su amigo James donde le relata los eventos acaecidos en el “Mardi Gras” de Nueva Orleans, día anterior al “Miércoles de Ceniza” cristiano y traducible como “Martes de Carnaval”. Paul y su amigo Tessier se disfrazan con túnicas para seguir a la procesión que conduce a las catacumbas de la ciudad. En ellas encuentran a su flor y nata rindiendo tributo a una gigantesca estatua negra sin rostro que no es sino Nyarlathotep, el “Poderoso Mensajero”, el “Caos Reptante”, que James llevaba tiempo buscando. Paul se desmaya y cuando despierta trata de huir ignorando dónde está Tessier y perseguido por ruido de pasos.

El templo del faraón negro
Titulado originalmente “Fane of the black pharaoh” el relato fue escrito por el famosísimo Robert Bloch en 1937. Creador de los famosos libros “De vermis mysteriis” y “Cultes des goules” es también el autor de la novela “Psicosis” (“Psycho”, 1959) que Alfred Hitchcock dirigió para el cine en 1959. El capitán Cartaret conoce a un misterioso árabe que le muestra el camino a la cripta de Nephren-Ka y que conoce y ha leído el aborrecible Necronomicón. Cartaret le narra lo que conoce sobre los Monos Ciegos de la Verdad, el macabro culto a Nyarlathotep y el terrible Faraón Negro, enterrado, vigilado por sus sacerdotes y protegido por encantamientos. El árabe le dice que él es uno de esos sacerdotes y que le mostrará el camino a la tumba porque así viene indicado en las Paredes de la Verdad cubiertas por tapices y cuyos vaticinios se van descubriendo poco a poco. Cartaret se ve tentado por la idea de ver el futuro al completo y no respeta lo hablado, con terribles consecuencias para él.

La maldición del faraón negro
Titulado originalmente “Curse of the black pharaoh” fue escrito por Linwood Vrooman Carter y publicado un año después de su muerte en 1988. El presente relato es el más extenso de la antología; está dividido en quince capítulos y un epílogo que ocupan una friolera de ochenta y seis páginas de las trescientas doce de la obra. La historia comienza con la reunión del inspector Brant de Scotland Yard con Lord Shenstone, único superviviente de la malograda expedición al valle secreto de Hodesh en busca de la pirámide perdida donde reposa Khotep, “el faraón negro”. Dicha expedición acabó con la vida de cinco hombres y sabe que él es el siguiente ya que, al encontrar la tumba encontraron que la cruz ansada, símbolo de la vida eterna, que tenía sobre el sarcófago estaba invertida. Una sola palabra apareció escrita: “Iao-Thaumungazoth”, ni vasos canopos con las vísceras del fallecido ni nada por el estilo. Nada excepto el amuleto de Shen, que se supone que da vida eterna al cuerpo.

Los accidentes se suceden desde el descubrimiento de la momia y, de hecho, el cuerpo desaparece causando la locura del vigilante que afirma que el cuerpo muerto se marchó por su propio pie. Convencidos de la veracidad de la historia acuden a Anton Zarnak, el cazador de monstruos, que les informa de la posibilidad de que el alma de Khotep esté encerrada en la “Estrella de Set”, único amuleto que portaba la momia y que le fue arrebatado. Hay un encuentro posterior entre la momia y Adrianne, sobrina de Lord Shenstone, y un intento fallido de destruir a la criatura sobrenatural usando su verdadero nombre y el “Bastón de Nectanebus” del Museo Británico. El final lo dejamos para el amable lector. Con elementos propios de la novela decimonónica (el lector avezado encontrará fácilmente parecidos con “Drácula”, “Frankenstein” y muchas de las novelas de terror ambientadas en la llamada “era victoriana”) puede observarse además un cierto toque pueril que, pese a todo, no desluce el conjunto.

La maldición de Nephren-Ka
Titulado originalmente “The Curse of Nephren-Ka”, fue escrito por John Cockroft y publicado en 1946 en el primer número del fanzine “The Avatar” editado por él mismo pero firmado con el pseudónimo de “Robert Roch”. La trama se centra en dos exploradores que han hallado una serie de documentos relativos a Nephren-Ka y su relación con la terrible entidad llamada Nyarlathotep. Los manuscritos incluyen una advertencia: “Aquel que profane la tumba de Nephren-Ka morirá violentamente a manos del ocupante de la tumba, que en el momento de la profanación asumirá una forma similar a la del intruso”. A pesar de lo claro de la advertencia, Dan Foley y Nathan Karr recorren el desierto en busca de la tumba del famoso faraón negro. Cuando logran dar con ella, se desata la tragedia preconizada. John Cockroft sacrificó prácticamente toda la credibilidad del relato en aras de conseguir la sorpresa final (que en honor a la verdad no es tanta).

El templo de Nephren-Ka
Titulado originalmente “The temple of Nephren-Ka” escrito por Philip J. Y Glenn A. Rahman en 1977. Tiene grandes semejanzas con el relato visto anteriormente aunque a nivel argumental. La ominosa presencia de Nephren-Ka y su relación con el “Caos Reptante” dan cobijo a una historia en la que el teniente Degreve, el doctor Brumaire, desaparecido, el soldado Carnot y un guía llamado Farabi se internan en la tumba del Faraón Oscuro. Una vez hallado, el doctor relata cómo el faraón se apartó de los dioses egipcios tradicionales y, buscando la salida, la oscuridad devora a Carnot. A continuación, unas criaturas que parecen surgidas del mismo infierno realizan un ataque incesante al reducido grupo cuyas consecuencias es mejor no mencionar en este pequeño párrafo. Por desgracia, la sorpresa pensada por lo dos hermanos autores del relato para el final queda muy deslucida al ser el lector capaz de predecirlo, teniendo en cuenta los relatos existentes de similar resolución.

El papiro de Nephren-Ka
Titulado originalmente “The Papyrus of Nephren-Ka” por Robert C. Culp en 1975. El presente relato mezcla el ensayo con testimonio creando una historia de gran verosimilitud y atractiva lectura. La acción no se presenta de primera mano, sino a través de los actos de otros más o menos fielmente reflejados en el trascurrir de los acontecimientos (recordemos algunos fragmentos de “La Llamada de Cthulhu” del propio Lovecraft). Toda la información que se tiene hace referencia a sucesos acaecidos y que el lector recupera al tiempo que el personaje protagonista de cada una de las tres partes de la historia, situada en un pasado remoto que en opinión de Price, proporciona una gran cantidad de información que bien puede servir como base para futuras historias que, sin salirse de los Mitos de Cthulhu, amplíen sus horizontes. El final, presentado igualmente de forma erudita, tiene sin embargo el factor sorpresa con el que tanto disfruta el lector sin perder, por ello, su carácter de texto docto.

El hocico en la alcoba
Titulado originalmente “The snout in the alcove”, escrito por Gary Myers en 1977. Su primer libro, “The house of worm” (1975) es una colección de relatos en los que se mezclan los estilos de Lovecraft y Lord Dunsany. Su segundo libro, “Dark Wisdom” (2007), es otra recopilación ambientada en la época contemporánea. Ambos pertenecen a los Mitos. El protagonista se introduce en las Tierras del Sueño, que tanto fascinaron a Lovecraft por influencia de Lord Dunsany, conducido por unos sacerdotes a la presencia de tres emisarios que narran las llegadas de barcos a los puertos de Celephais, Hlanith y Thran. Todos informan sobre una criatura de ropajes rojos. Tras eso es llamado a la presencia del patriarca de la orden, con el que dialoga sobre Nyarlathotep y los Otros Dioses. El final del relato, que se trata de una sorpresa agradable entre tanta tragedia, choca agradablemente contra la atmósfera terrorífica que el autor nos había mostrado hasta ese momento.

La esfinge contemplativa
Titulado originalmente “The contemplative sphinx”, escrito por Richard Tierney y publicado en 1984. El autor se considera un verdadero discípulo de Lovecraft y continúa con la tradición de la revista en toda su gloria. Disiente de la visión maniquea de Derleth, con quien tuvo algún tropiezo. En este bello poema Tierney realiza un admirable trabajo de inclusión de elementos relativos a los Mitos de Cthulhu con gran elegancia. El lector atento verá claramente la similitud con el poema ya leído de Howard Phillips Lovecraft titulado “Nyarlathotep” incluyendo ese párrafo donde se mencionan a las bestias salvajes que lamieron la mano del misterioso ser. El fin del mundo se aproxima y tenemos un palco de invitados poético de excepción para asistir a su avance. Otras entidades, como Nitocris, Nephren-Ka y similares también aparecen mencionadas como homenaje de Tierney al que considera su maestro y al que no duda en catalogar como insuperable en todos los aspectos.

El Egipto de Ech-Pi-El: poemas lovecraftianos
Titulado originalmente “Ech-Pi-El’s Ægypt”, escrito por Ann K. Schwader y publicado en 1993. Ha contribuido con poemas a las antologías lovecraftianas de “El ciclo de Innsmouth” y “El libro de Eibon”, además ha cultivado la poesía. Bajo el título de “El Egipto de Ech-Pi-El: Poemas Lovecraftianos” se engloban cinco poemas titulados “El Egipto de Ech-Pi-El”, “Los antiguos señores”, “La tumba de Nephren-Ka”, “El señor de la Tierra” y “Las puertas del Sueño”. Todos ellos tienen una calidad muy superior a otros aparecidos basados en la obra de Lovecraft. Desde el antiguo desierto de Egipto, pasando por los sueños de Alhazred y la “Ciudad sin Nombre”, la tumba del cruel y usurpador Nephen-Ka hasta llegar a Nyarlathotep, aquél que no comprende la vida. El último poema, mensaje de advertencia incluido, sorprende al lector a la manera de un relato de estilo de Lovecraft con su último párrafo en cursiva y proporcionando a la antología un final sublime.

Título: El Ciclo de Nyarlathotep
EDITORIAL: La Factoría de Ideas
ISBN: 978-84-8421-850-0
Autor: VV.AA.
Páginas: 312

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