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Destacados / Libros de Terror

El Necronomicón

Portada de El necronomicón

Durante muchos años el Necronomicón ha sido uno de los libros ficticios más buscados en el mundo real. Esto se debe, sin duda, a la veracidad y solidez con la que Howard Phillips Lovecraft supo presentarlo en sus relatos y al hecho de que sólo nos permitiera leer pasajes sueltos de tan horrendo volumen. Su simple lectura arrastra al osado incauto a la locura más absoluta como mínimo y, con mayor desdicha, a la muerte. Sin embargo su lectura siempre nos es esquiva; se nos anuncia que vamos a saber, a conocer, a desentrañar sus secretos para luego, y piadosamente, tener que aceptar que nos son negados en aras de nuestro propio bien. Al margen de su valor como elemento icónico de los Mitos, existe una historia muy interesante para el lector acerca del nacimiento de este tomo prohibido de las manos del escritor de Providence.

La sinopsis proporcionada por La Factoría de Ideas nos dice: Aunque los escépticos afirman que el Necronomicón es un tomo fantástico creado por H.P. Lovecraft, los auténticos investigadores de los misterios esotéricos del mundo saben la verdad: El Necronomicón es un volumen blasfemo de conocimiento prohibido escrito por el árabe loco, Abdul Alhazred. Incluso hoy, a pesar de las tentativas por destruir todas las copias en cualquier idioma a lo largo de los siglos, aún existen algunos ejemplares, escondidos. Dentro de este libro encontrarás historias acerca del Necronomicón, diferentes versiones del Necronomicón, y dos ensayos acerca del libro blasfemo. Ahora tú también puedes aprender el verdadero saber de Abdul Alhazred y conocer, de primera mano, el ignoto poder que se encuentra tras sus páginas.

Tras estas primeras líneas incluye un perturbador fragmento de la obra de Richard L. Tierney, El Que Aúlla en la Oscuridad: Dejando a un lado el libro, comenzó a pasearse con inquietud por la habitación; mientras lo hacía, advirtió sobre la mesa un volumen avejentado de grandes dimensiones. Un pesado pisapapeles mantenía abiertas sus páginas amarillentas; cuando, por curiosidad, echó una ojeada a su título, Hamilton se sorprendió un poco al ver que era el misterioso Necronomicón del que el viejo Eric Scott había hablado de manera tan vacilante. Con su curiosidad azuzada, Hamilton examinó el libro más de cerca. Ciertos nombres que entrevió, como Taaran, Dios del Mal y Nyarlathotep, el Caos Reptante, eran vagamente inquietantes. Pero es justo reconocer que la idea de Lovecraft, y después usada por otros, viene de atrás.

Robert William Chambers, nacido en 1865 y fallecido en 1933 de una dolencia intestinal, publicó en 1895 su segundo libro El rey de amarillo (The king in yellow) un grupo de historias caracterizadas por tres elementos: una obra de teatro en formato de libro titulado El rey de amarillo, una misteriosa, malévola y sobrenatural criatura con el mismo nombre y un misterioso y terrible símbolo llamado el signo amarillo. Lovecraft leyó la novela aproximadamente en 1927 e incluyó pasajes en sus historias que él consideraba pertenecientes a dicho libro. La obra de teatro de El rey de amarillo fue la semilla de la que surgió el aborrecible Necronomicón y, tras él, toda una biblioteca de libros prohibidos, ocultos, peligrosos y mágicos. Incuso lo mencionó en su colección de poemas Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth, 1927) en el soneto XXVII.

El nombre de Necronomicón apareció en un sueño de Lovecraft. Cuando despertó, se informó acerca de la coherencia de tal nombre y comprobó que era perfectamente válido desde un punto de vista etimológico. Por supuesto, el autor de los Mitos nunca escribió tan libro (que no puede leerse sin enloquecer) aunque sí algún fragmento del mismo que servía como heraldo del horror que estaba por venir. En realidad, sólo los relatos que no pretenden ser el Necronomicón merecen realmente la pena como parte del universo lovecraftiano ya que, como opinaba su creador y transmitió en una misiva, la idea del Necronomicón era mucho más aterradora que cualquier libro que él pudiera escribir con ese título. Y no será porque no se lo pidieron en multitud de ocasiones pero, cualquier versión que leamos de otros autores carece de ese horror.

Parafraseando el prólogo el antologista, Robert McNair Price, la obra de Lovecraft nos señala continuamente el Necronomicón para, cuando estamos ansiosos por leer esas frases blasfemas y prohibidas, capaces de conducir a la mente humana a la locura… ¡se nos niegan! Piadosamente el autor rehúsa mostrárnoslas y así, relato tras relato, sólo se nos permite leer los párrafos menos dañinos y para los que la mente humana está preparada. Nuestro interés por poder hojear el impío tomo aumenta, pero sólo para que nuestros deseos sean frustrados una y otra vez. Como bien conocen las mujeres de todos los tiempos, es mucho mejor insinuar que mostrar. La insinuación que deja abierta la imaginación siempre resulta mucho más fructífera y efectiva que la verdad al desnudo, que puede dar al traste con las expectativas creadas.

Libreros y bibliotecas han recibido el encargo del famoso libro y mucha gente cree en su existencia (incluso muchos afirman tenerlo). En 1960 se descubrió en el archivo de la Biblioteca general de la Universidad California, la siguiente ficha (correcta desde el punto de vista formal):
BL 430
A 47
B
Alhazred, Abdul _____aprox. 738 D.C.
Necronomicon (Al Azif) de Abdul Alhazred.
Traducido del griego por Olaus Wormius (Olao Worm)
XIII, 760 págs., grabados madera,
enc. tablas, tm. fol. (62 cm.)
(Toledo), 1647

Pero, ¿qué significa Necronomicón? Su etimología sencilla, en realidad, y en una carta en 1937 dirigida a Harry O. Fischer, Lovecraft lo interpreta como la Imagen de la ley de los muertos. Sobre su carácter ficticio, sentenció: Ahora bien, sobre los libros terribles y prohibidos, me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el Necronomicón, porque inventé estos nombres yo mismo. Luwdig Prinn fue ideado por Robert Bloch y su De Vermis Mysteriis, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Robert E. Howard debe responder de Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten… En cuanto a libros escritos en serio sobre temas oscuros, ocultos, y sobrenaturales, en realidad no son muchos.

La sombra del Necronomicón es alargada y, bajo ella, han crecido otros muchos libros prohibidos de saberes ocultos cuyo contenido tampoco nos es revelado en su totalidad. La técnica de tender el cebo esperando que piquemos sólo para descubrir que no hay nada al otro lado de la caña de pescar, provoca una sensación de curiosidad, misterio e incluso temor. Indiana Jones no mira lo que hay dentro del Arca Perdida, como bien referencia en la introducción Robert M. Price, y el caos y la muerte que se desata a su alrededor permanecerá siendo un misterio para él. ¡Pero es mejor que no sacie su curiosidad o ella será su perdición! Con esta idea los narradores de los diferentes libros prohibidos, con Lovecraft a la cabeza, nos ahorran esos infaustos pasajes que nos conducirían, como poco, a la locura. Avisados ya, echemos un vistazo a los relatos.

El Necronomicón se divide en las siguientes secciones:
Prólogo (Robert M. Price)
Relatos Oscuros
El Pergamino Terrible (Manly Wade Wellman)
La Casa Del Doctor Xander (Martin D. Brown)
El Manto De Graag (Frederik Pohl, Henry Dockweiller Y Robert A. W. Lowndes)
El Muro De Settler (Robert A. W. Lowndes)
El Que Aúlla En La Oscuridad (Richard L. Tierney)
Demonios De Cthulhu (Robert Silverberg)
El Castillo En La Ventana (Steffan B. Aletti)
Acerca De La Próxima Edición Barata Del Necronomicón De Abdul Alhazred (John Brunner)
La Víbora (Fred Chappell)
Versiones Del Necronomicón
Prefacio Al Al-Azif (L. Sprague De Camp)
Un Fragmento Del Necronomicón (Frank Belknap Long Jr.)
El Necronomicón (Lin Carter)
El Manuscrito De Sussex (Fred L. Pelton)
Por Qué Abdul Al Hazred Se Volvió Loco (D.R. Smith)
Comentario
Historia Del Necronomicón (Howard Phillips Lovecraft)
La Vida Del Maestro (David T. St. Albans)
Un Comentario Crítico Sobre El Necronomicón (Robert M. Price)

Relatos Oscuros

El pergamino terrible: Manly Wade Wellman consiguió el Premio Edgar Allan Poe de no-ficción en 1955, pero también nos dejó este relato. En él, nos acerca al argumento de En la boca del miedo (At the mouth of madness, John Carpenter, 1995): la creencia en un mismo concepto por parte de un número suficiente de individuos serviría para darle realidad física. Con un argumento similar, Neil Gaiman presentó en la saga País de Sueños el cómic titulado El Sueño de un Millar de Gatos. En esta ocasión el elemento que cobra vida es una hoja de una revista Weird Tales aún inédita. La hoja comienza a moverse como dotada de vida propia, adoptando todo tipo de texturas y formas. El relato resulta entretenido y apasionante pero es acaso demasiado breve y con un ritmo muy acelerado. En cualquier caso, es más que recomendable.

La casa del doctor Xander: Martin D. Brown escribió este relato y gracias al trabajo casi arqueológico del antologista se pudo recuperar. La historia trata acerca de una misteriosa casa en la que nadie se atreve a entrar y sobre la que circulan un sin fin de leyendas. El narrador y un amigo, de nombre Parker, se atreven a penetrar en el hogar del doctor Xander, a quien se relaciona entre susurros con la desaparición de muchas personas de la localidad de Elwood. El final, previsible pero correcto por otra parte, está claramente influenciado por El Ceremonial (The festival, 1923) de H. P. Lovecraft, incluyendo una extraña y repulsiva raza de seres que viven en profundas cavernas subterráneas, lejos de la luz del sol y del contacto con los seres humanos, siguiendo extraños y repulsivos ritos de naturaleza perversa.

El manto De Graag: Es una conjunta obra de Frederik Pohl, Joseph Harold Dockweiler y Robert A. W. Lowndes. Harvey, Hartley, Paulsen, Klarner y Roche son un grupo de amigos de que sólo los dos primeros quedan con vida. Cuando se reúnen para charlar, Hartley tiene un aspecto horrendo. Tras superar su temor inicial, Harvey y Hartey comienzan a hablar acerca de lo sucedido: en un libro antiguo encontraron unas páginas manuscritas antiquísimas que señalaban la localización de lo que parecía ser un tesoro pero que acabó siendo una maldición. Graag es una palabra holandesa que podría traducirse como con mucho gusto o de buen grado y, dada la naturaleza del manto al que se refiere el relato, es muy dudoso que nadie lo llevara así. En el relato, Graag es el nombre del hechicero que poseía el libro que guio al grupo a la catástrofe.

El muro de Settler: Robert A. W. Lowndes, uno de los autores de El manto de Graag, firma esta obra, que originalmente se publicó en 1942 como El muro largo. En ella Clyde Cantrell y Will Richards son dos empresarios que se conocen desde el instituto y que, durante unas vacaciones, descubren un muro que discurre paralelo al camino que están siguiendo. Está hecho en piedra y con una longitud imposible de determinar. Además, su trazado en el suelo es extremadamente recto y toda vegetación desaparece antes de llegar a su base. Extrañados, averiguan que toda persona que investiga el muro acaba enloqueciendo. Al descubrir el secreto que esconde se dan cuenta de que las pesadillas ya no desaparecerán jamás. Su inclusión en la obra es extraña y llamativa, pues el Necronomicón aparece mencionado sólo casualmente.

El que aúlla en la oscuridad: Richard L. Tierney es poeta, escritor y se considera discípulo de Lovecraft y comparte su visión cósmica del universo. En el relato, tenemos dos caballeros misteriosos, Pitts y Taggart, que realizan peticiones de productos químicos y libros para ciertos experimentos extraños. Viven en un castillo lleno de libros de terrible contenido y en el que hace siglos que nadie ha puesto un pie, al borde de un acantilado. Por supuesto no falta un héroe que se interne en el castillo y averigüe qué se traen esos dos individuos entre manos. Pero la verdad es mucho más de lo que puede llegar a soportar. Pese a ser un relato muy vilipendiado, su calidad es innegable. Es cierto, sin embargo, que está más relacionado con la saga Herbert West: Reanimador (Herbert West: Reanimator, 1922) que con el Necronomicón.

Demonios de Cthulhu: Fue escrito por Robert Silverber, ganador de cuatro premios Hugo, cinco Nébula y siete Locus. Encuadrable dentro de la fase de decadencia de los Mitos, narra la historia de un estudiante universitario, Vorys, que desea obtener el ejemplar del Necronomicón de la Universidad de Miskatonik. Allí trabaja Marty, un chico que sólo desea dinero. Vorys convence a Marty para que robe el libro para él pero Marty decide emplearlo en su propio beneficio. Conjura una criatura llamada Narrathot (nótese la fusión de los términos narrador y thot) que obedece el joven, al llama siempre como amo estúpido. Y eso es Marty: un estúpido usando poderes ancestrales para satisfacer tontos deseos juveniles. Por último, en lugar de usar un hechizo para despedir a Narrathot, comete un error y los resultados son desastrosos.

El castillo en la ventana: Steffan B. Aletti publicó cuatro relatos en la revista pulp The magazine of horror y desapareció de la ficción. El comienzo es un puro homenaje a Poe y Lovecraft: Comprendan que este relato es absolutamente cierto, desde luego, y que no espero que crean ni una sola palabra. En ella se narra el hallazgo en una vieja tienda del diario de un tal doctor Michael Gwynn, en el que se mencionan el Necronomicón y la Canción de Yste. El descubridor decide regalarlos a su compañero de cuarto, Colin, aficionado a lo oculto. Tras estudiar el libro, descubre que se menciona cierta habitación de un edificio en Cornualles cuya ventana se fabricó con un cristal que permitía ver un paisaje del Medievo. En el edificio encuentran la habitación y la ventana, a través de la cual logran ver el misterioso castillo…

Acerca de la próxima edición barata del Necronomicón de Abdul Alhazred: John Brunner publicó su primer relato con 17 años y es autor de la Trilogía del Desastre. Jasper Abraham Wharton es un erudito británico huraño y retrógrado heredero de una amplia biblioteca y feliz entre sus libros. Entre los tomos más importantes hay una traducción del Necronomicón que mantiene en secreto. Cierto día le visita un doctor en Filosofía y Letras americano, Schultz, que dice tener un original del libro prohibido y necesita la ayuda de Wharton para traducirlo. Este se niega porque quiere traducir su copia en latín y publicarlo antes que el equipo de Schultz. Tras estudiar el contenido y quedar horrorizado, pretende convencer a los americanos para que no pongan el Necronomicón al alcance del público. Pero esa es la verdadera intención del grupo Schultz, dirigido por un híbrido de humano y profundo: usando a sus lectores, abrir miles de portales por todo el mundo para facilitar el regreso de los Primigenios.

La víbora: Fred Chappell ha ganado dos veces el World Fantasy Award y el Prix de Meilleur des Livres Etrangers. Este relato es el mejor de la presente antología. Cada página es una sorpresa donde al igual que el Necronomicón pervierte las mentes de quienes que lo leen, también pervierte los textos de los libros a su alcance variando su contenido y absorbiendo de ellos la fuerza para subsistir. Primero transforma unas palabras, después frases enteras y por último el texto queda casi irreconocible. Pero además sus efectos se transmiten a todas las ediciones del libro contaminado allá donde se encuentren. La historia no tiene ningún fallo y sí grandes aciertos, como es recordar que el nombre original del volumen maldito es Al-Azif, que es el zumbido de los insectos en el desierto… y es que un insecto tiene mucho que ver en la historia.

Versiones del Necronomicón

Prefacio Al Al-Azif: Lyon Sprague de Camp es ampliamente conocido por sus historias sobre Conan el Bárbaro. Este prefacio corresponde al prólogo de un Necronomicón que Owlswick Press publicó en el año 1973. Consistía en un libro con un gran número de páginas llenas de caracteres arábigos que George Scithers había encargado a un artista. El prólogo contaba las desventuras entre Bagdag y la India, en 1937, cuando averiguaron que se estaba realizando una traducción del Necronomicón del árabe antiguo al moderno. Las personas encargadas de la traducción no pudieron evitar murmurar los conjuros que aparecían escritos en las páginas originales. En vista de los desastrosos resultados, se suspendió el proyecto de traducción y se decidió publicar el libro en su forma original. Todo un toque de humor negro.

Un fragmento del Necronomicón: Frank Belknap Long vendió su primer cuento con 22 años y formó parte del Círculo de Lovecraft. Su relato más famoso de los Mitos es Los perros de Tíndalos (Hounds of Tindalos, 1946). Escaso análisis permiten dos sencillos párrafos en los que la única información reseñable a proporcionar sobre ellos es que señalan al astrónomo John Dee como traductor del Necronomicón del latín al inglés, idea que fue del total agrado de Lovecraft hasta el punto de que la añadió a sus relatos. John Dee fue un famoso astrólogo, astrónomo, geógrafo y matemático inglés ayudante de la reina Isabel I. Además de ser uno de los hombres más cultos de su época, se caracterizó por dedicarse al estudio de la adivinación, la alquimia, el hermetismo y la magia cristiana; en resumen, cultivó la ciencia y la magia por igual.

El Necronomicón: La traducción de Dee: Linwood Vrooman Carter fue un escritor de fantasíay ciencia ficción además de editor y crítico literario. En los Mitos de Cthulhu, Lovecraft confirma a John Dee como la persona que tradujo el Necronomicón al inglés, de ahí el título del relato. La versión, de la que no vamos a hacer un análisis pormenorizado por la densidad del texto y la multitud de conceptos tratados, está compuesta por los siguientes libros: I. El libro de episodios: Compuesto por nueve narraciones. II. El libro de las preparaciones: Compuesto por nueve reglas (capítulos) a seguir por los hechiceros. III. El libro de las puertas: Compuesto por diecinueve consejos (capítulos) para los que atraviesen las puertas de este mundo. IV. El Libro de las Expulsiones: Compuesto por cuatro capítulos.

El manuscrito de Sussex: Fred L. Pelton entusiasta seguidor de Lovecraft que creó el libro llamado El Manuscrito de Sussex y en 1988 A Guide to the Cthulhu Cult un manual de referencia acerca de los Mitos. El relato se presenta como una traducción al inglés de una traducción en latín de un original árabe del Necronomicón. Los fragmentos que pueden leerse en los relatos de Lovecraft figuran igualmente como parte de El Manuscrito de Sussex. El original estaba escrito es caracteres góticos, con ilustraciones hechas por el propio autor y encuadernado en piel. Sin embargo, y a pesar de los prolijos y preciosistas detalles, el libro fue rechazado por varios editores y se publicó en la antología original únicamente para satisfacer a todos aquellos fieles lectores que preguntaron una y otra vez por él.

Por qué Abdul Al Hazred se volvió loco: D. R. Smith realizó un ejercicio de inventiva acerca de los Mitos, relacionando unos Primordiales con otros de manera acorde a como se nos había venido narrando hasta ahora, pero dando un giro importantísimo a la historia de la locura de Abdul Al Hazred. Según Smith, se debió a Marco Antonio, el laureado político y militar romano que vivió entre los años 83 a.C. y 30 a.C. Se nos cuenta en este brevísimo relato que Marco Antonio tuvo que hacer frente, roto de cansancio y casi muerto de hambre, a una de esas criaturas que Al Hazred consideró dioses y adoro como tales. El resultado de la desigual batalla fue totalmente inesperado para el árabe que, al no poder aceptar su mente lo que había sucedido (el logos vence al mitos por una vez), enloqueció para siempre.

Comentario

Historia del Necronomicón: Howard Phillips Lovecraft nació en 1890 y falleció en 1937. Se le considera un gran innovador del cuento de terror, al que aportó una mitología propia, Los Mitos de Cthulhu, desarrollada con otros autores y aún vigente. Su obra se asienta en el terror cósmico materialista, apartada del terror sobrenatural, incorporando elementos de ciencia ficción. Para dotar a una de sus mayores creaciones de aparente veracidad, escribió a sus amigos más íntimos una breve historia y cronología del Necronomicón, que es la que aparece en este texto. A pesar de su escasa longitud, es una historia bastante detallada de cómo el libro blasfemo habría sido transmitido desde su forma original, concebida por Al Hazred, a los escasos tomos que han sobrevivido hasta nuestros días

La vida del maestro: David T. St. Albans, pseudónimo de David Pudelwitts, publicó únicamente este relato enmarcado en los Mitos de Cthulhu. El relato está dividido en dos partes: la primera de ellas es un prólogo a la supuesta traducción de la vida de Abdul Alhazred por parte de un discípulo suyo, donde el autor reflexiona acerca la veracidad del Necronomicón y su contenido así como la verdadera naturaleza de los seres descritos en el tomo maldito, así como sus supuestos poderes y su longevidad. La segunda es la traducción de la biografía en sí, realizada por el mismo autor que firma el relato (David T. St. Albans) que corresponde al maestro de El-Rashi, discípuo de Abdul Alhazred, tanto lo visto por sus propios ojos como lo que otros contaron. La muerte de Alhazred aparece presentada aquí como una ascensión por sus creencias

Un comentario crítico sobre el Necronomicón: Robert McNair Price, el antologista, hace un excelente estudio pormenorizado de los fragmentos de la obra relacionándola con religiones antiguas, modernas y algunos otros elementos cogidos de cuantas fuentes ha estimado oportunas. El estudio de la etimología de ciertas palabras merece un sobresaliente por su complejidad y veracidad. Por su condición ventajosa Price quiso dejar el Necronomicón que él consideró el mejor, el más fiel a la idea original y el más riguroso, para el final: el suyo propio. Y ciertamente fue un acierto, pues si mucho es lo que muestra, mucho más es aun lo que esconde, tal y como indicábamos al principio que resultaba atractivo de esta misteriosa y falsa obra. Junto con el relato de La víbora (The adder, Fred Chappell, 1989) ya hacen al libro merecedor de ser comprado.

Ficha Técnica

Título: El Necronomicón
Editorial: La Factoría de Ideas
ISBN: 978-84-8421-507-3
Autor: Varios Autores.
Páginas: 336

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