Share This Post

Libros de Terror

El Ciclo de Dunwich

El ciclo de Dunwich es una recopilación de relatos cortos que giran en torno a la historia de Howard Phillips Lovecraft titulada “El horror de Dunwich” prologados por Robert McNair Price. El señor Price nació en Mississippi en 1954 y fue profesor de teología convirtiéndose durante en un tiempo en un fundamentalista religioso. Se le considera una de las figuras más importantes del universo de Lovecraft por su edición de la La cripta de Cthulhu y, a partir del año 1990 cinco de las sagas actuales más importantes de los Mitos: “Cthulhu 2000”, “La saga de Hastur”, “El ciclo de Cthulhu”, “El Necronomicón” y “El ciclo de Nyarlathotep”. En la introducción muestra una sincera admiración hacia las obras de Arthur Machen y el posterior trabajo de Lovecraft, que recogía buena parte de estas ideas moldeándolas a su especial manera.

La principal de todas ellas, y sobre la que gira la antología antera, es el horror ante la posibilidad de la existencia de híbridos mitad humanos, mitad criaturas de otros lugares del tiempo y el espacio. Machen realizó una primera aproximación con la “gente pequeña”, pero Lovecraft lleva ese trabajo mucho más allá hacia horrores que, muy especialmente en los años en los que fueron escritos los relatos, su simple mención ya era motivo de horror. Pero tanto el escritor de Gales como el de Nueva Inglaterra supieron imprimir a su obra un matiz de pesimismo y desesperación que escritores posteriores como Derleth obviaron, conduciendo ese horror cósmico y a la humanidad indefensa hacia una lucha de dioses del bien contra dioses del mal, un maniqueísmo terriblemente religioso que se aparta de la idea original.

La sinopsis es la siguiente: “En los Dunwich del mundo, las viejas tradiciones se demoran. A salvo, alejados de las bulliciosas ciudades, ignorando la ciencia e ignorados por la civilización, lo bastante monótonos para no entusiasmar a los demás y lo bastante pobres para no provocar la envidia de nadie, son refugios seguros para la superstición y para ciertas costumbres aparentemente absurdas. En ocasiones, también albergan verdades que se han ido filtrando, de forma invisible, durante siglos. Aunque sus habitantes son incultos, no ignoran aquellas cosas que antaño fueron grandes y terribles, en los tiempos en que los ríos eran rojos y un oscuro estremecimiento envolvía el aire. Ahora, esos tiempos han regresado.”

“El ciclo de Dunwinch” se dividide en las siguientes narraciones:
Introducción (Robert M. Price)
El Gran Dios Pan (Arthur Machen)
El Pueblo Blanco (Arthur Machen)
El Horror De Dunwich (H. P. Lovecraft)
La Habitación Cerrada (August W. Derleth)
La Torre Redonda (Robert M. Price)
El Salto Del Diablo (Richard A. Lupoff)
El Camino A Dunwich (Ben Idick)
La Cabaña Del Árbol (W. H. Pugmire y Robert M. Price)
No Puedes Llevártelo Contigo (C. J. Henderson)
La Espera De Wilbur Watheley (Robert M. Price)

El Gran Dios Pan: Fue escrito por Arthur Machen, un creador de relatos de terror fantástico que se oponían al materialismo, la ciencia, el comercio y puritanismo a favor de un estilo marcadamente neorromántico. Esta obra, considerada precursora de los Mitos de Cthulhu, se divide en ocho capítulos hilados con una inusual maestría: El experimento, Las memorias del señor Clarke, Ciudad de resurrecciones, El descubrimiento en Paul Street, La carta de advertencia, Los suicidios, Encuentros en el Soho y Los fragmentos. Mediante una compleja intervención cerebral, el doctor Raymond consigue que la joven Mary, vea más allá de los límites de los sentidos humanos. La operación, un éxito en un principio, arrastra a la locura a Mary mientras el doctor afirma que nada puede hacer ya por ella: ha visto al gran dios Pan.

La joven Mary muere pasado un año pero logra dar a luz antes a un hijo suyo con la criatura a la que llaman el gran dios Pan. El híbrido es una mujer atractiva, repulsiva y peligrosa a un tiempo, llamada Helen Vaughan, o señora Beaumont, o señora Herbert… Una criatura capaz de conducir a la locura a los hombres a los que se acerca y cuyos actos, recogidos en un libro, no se nos permite conocer a los lectores. Y debemos dar gracias pues, de saberlos, Machen afirma que nunca podríamos volver a conciliar el sueño en paz. Lovecraft hace uso de esa misma ciencia más allá del entendimiento humano para devolver la vida a los muertos en “Herbert West: Reanimador” o para conservar con vida a un hombre que debió morir tiempo atrás en “Aire frío”. Sin embargo, todos esos intentos siempre tienen un final catastrófico.

En un alarde de sinceridad sin precedentes y de admiración más genuina, el propio Lovecraft dijo: “El encanto de este relato reside en su eficacia. Nadie podría describir el suspense acumulado y el horror consumado que abundan en cada párrafo sin seguir cabalmente el orden preciso con que Machen va exponiendo sus graduales alusiones y revelaciones. Su estilo tiene un ritmo y una música que yo nunca he podido lograr y que ni siquiera puedo imitar sin parecer afectado.” Ciertamente Arthur Machen fue un gran transformador, aunque no el definitivo, del relato de terror. Los fantasmas inmateriales habitantes de los antiguos y semiderruidos castillos góticos y visitaban en momento puntuales a los vivos se comienzan a transformar en los hijos monstruosos de una nueva ciencia enloquecida y una antigua tradición oculta.

El Pueblo Blanco: También escrito por Arthur Machen, el relato comienza con el debate entre Ambrose y Cotgrave, dos viejos amigos, acerca del bien y del mal, llegando el primero de ellos a la conclusión de que el mal consiste en tratar de alcanzar el éxtasis y los conocimientos que se encuentran en esferas prohibidas para el hombre. Continuando el relato, aparece el Libro Verde, que es el diario de una joven de dieciséis años donde narra los recuerdos de cuando tenía ocho. En él relata un mundo mágico poblado de criaturas jamás vistas por el ojo humano en el que fue introducido por su niñera. Pero en la narración las hadas dejan de ser esas criaturas frágiles, hermosas y benévolas para convertirse en oscuros seres que habitan los bosques y cuyos planes son tan desconocidos como malévolos.

Usando el “narrador no fiable”, Machen relata terroríficos mitos ancestrales de una raza que continua sobreviviendo en el interior de la tierra. Así, las cosas suceden “según cree”, “por lo que sabe” o “quizá”, que despiertan hábilmente la duda en el lector sobre los hechos que se narran, de los que no procede el terror. Son aquellos que no se narran y que sólo podemos intuir vagamente que resultan aterradores o perturbadores. Por ejemplo: “[La niñera] Hizo todo tipo de cosas extrañas con el hombrecillo de arcilla y me di cuenta de que estaba totalmente envuelta en sudor, aunque habíamos caminado muy despacio. Cuando acabó, me dijo que había llegado el momento de ‘presentarle mis respetos’, así que hice todo lo que me acababa de enseñar, porque me parecía que era un juego muy divertido y muy extraño.”

Este pueblo blanco es el punto de partida para una de las más famosas novelas de Lovecraft, “El que susurra en la oscuridad” o “El susurrador en la oscuridad” según traducciones más actuales, al identificar a estos seres con la terrorífica y extraña raza alienígena de los Mi-Go. Dichas criaturas, telepáticas y voladoras, usan nuestro mundo como planeta minero para extraer de él cierto material del que carecen en su mundo de origen. Dado que no quieren descubrir su existencia en la tierra, trabajando siempre en grandes minas bajo la superficie y lo más alejados que les es posible de la civilización. Lovecraft en ningún momento negó dicha influencia, antes bien la reconoció abiertamente mostrando su más absoluta admiración hacia Arthur Machen en su bien conocido ensayo “El horror en la literatura”.

El Horror de Dunwich: Escrito por Howard Phillips Lovecraft, considerado un gran innovador del cuento de terror, al que aportó una mitología propia (los Mitos de Cthulhu) esta obra supone el centro de la antología. Toda su obra se asienta en lo que se conoce como horror cósmico, que propone una visión materialista, pseudocientífica y pesimista del universo, donde el ser humano no representa siquiera una mota de polvo en el esquema de las cosas. Somos un accidente, una plaga que ocupa un planeta que tuvo otros amos y que volverán para ocuparlo de nuevo. “El horror de Dunwich” muestra al lector muchos de estos elementos y sentó la base para otras muchas historias que se derivan de esta a partir de los párrafos aparentemente más intrascendentes. Pero pasemos a la narración:

La historia comienza con una aproximación al pueblo maldito desde el cruce del monte Aylesbury, pasado Dean’s Corner. Dicha ruta es un reflejo de parte del trayecto que realizó Lovecraft hacia North Wilbraham, cosa que puede comprobarse en una de sus casi cien mil cartas. En el pueblo de Dunwich, hay una mujer albina y malformada que da a luz a dos criaturas, gemelos, que son híbridos de su unión con una criatura de más allá de nuestro mundo. Uno de ellos, Wilbur Whateley, el más parecido a un ser humano, muere a causa del violento ataque de un perro guardián mientras trataba de hacerse con el ejemplar del Necronomicón. Un simple análisis superficial de su cadáver ya muestra claramente que se trata de una monstruosa criatura que no es del todo humana. Pero el verdadero horror está aún por llegar.

El segundo de los híbridos Lavinia Watheley, invisible a los ojos humanos, crece en el granero hasta que su gigantesco tamaño le fuerza a escapar de él, causando muerte y destrucción por donde va pasando. Sus pisadas, gigantescas, son el único rastro que puede seguirse. Tres eruditos investigan en libros prohibidos hasta encontrar el conjuro adecuado para detenerle. Entonces el ser grita una versión blasfema de la frase del Nuevo Testamento “Eloi, Eloi, lamma sabacthani?” (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”) en la forma: Eh-y-ya-ya-yahaah – eyayayaaaa… nghaaaaa… nghaaa… hyuh… hyuh… ¡AYUDA! ¡AYUDA! …ff – ff – ff – ¡PADRE! ¡PADRE! ¡YOG-SOTHOTH!… El padre de los gemelos de Lavinia fue el horrendo ser llamado Yog-Sothoth, descrito más profusamente de lo habitual en Lovecraft hasta entonces.

La Habitación Cerrada: August William Derleth, novelista, poeta y biógrafo estadounidense desdibujo los Mitos de su maestro al concebirlos como una lucha del bien contra el mal. En este relato, Abner, primo del fallecido Wilbur Whateley, regresa a Dunwich para hacerse cargo de la herencia de su fallecido abuelo Luther. Desde su llegada una habitación cerrada de la casa llama su atención pero, en la carta, le previene que cualquier ser que encuentre en ese lugar debe ser eliminado de forma inmediata. No importa su apariencia o su tamaño; debe ser exterminado. Cuando entra en la misteriosa habitación deja escapar por compasión una pequeña e inofensiva rana que se convertirá en el desencadenante de la tragedia. Como en “El horror de Dunwich”, la criatura come cuanto encuentra y aumenta de tamaño sin parar.

El origen de Abner puede encontrarse en las palabras de Lovecraft en las que nos dice que “algunos de los Whateley y de los Bishop siguen enviando a sus hijos mayores a las Universidades de Harvard y Miskatonic”. Dado que el protagonista es un joven culto y con estudios, lo que hace más probable este origen. Para mostrar aún más el enorme paralelismo con la obra original, la criatura lanza también un grito antes de morir: “¡Eh-ya-ya-ya-yaa-haah-ugh’aaa-h’yuh, h’yuh! para escasos segundos después, mientras las llamas la consumen, gritar: ¡Mama-mama-ma-aa-ma-aa-ma-ahh!” Además aparece mencionada la familia de los Marsh a los que conocimos en “La sombra sobre Innsmouth”, relacionándolos directamente con las familias de Dunwich en un intento algo artificioso de conferir una mayor coherencia a su propio universo lovecraftiano.

La Torre Redonda: Escrita por el antologista, Robert McNair Price. En ella el doctor Armitage Harper, de la Universidad de Miskatonic de Arkham, prosigue la investigación iniciada por su compañero Stephen Bates, ahora desaparecido. La documentación menciona ritos ancestrales en Dunwich relacionados con un ser conocido como Tsathoggua u Ossadogowah. Allí hay una que sirve de baliza para marcar a la criatura el punto de retorno a nuestro mundo. El doctor Armitage debe averiguar lo sucedido a su compañero e impedir que Tsathoggua entre en nuestro mundo. Para ello usa la corriente de agua del río Miskatonic desviándola de su curso natural, lo que altera dicha entrada. Pero el final feliz se vuelve amargo cuando se descubre que la torre no era más que la estructura menor de una edificación subterránea inmensa.

El relato es otro intento de proseguir con el horror del mestizaje cósmico iniciado en Dunwich e Innsmouth por Lovecraft. Tsathoggua es un Primigenio abotargado y con cara de sapo. Su cuerpo está cubierto con un pelaje corto, mezcla de murciélago y marmota. Sus párpados caen semicerrados sobre sus grandes ojos y de sus gruesos labios sobresale la punta de una extraña lengua. Existe un inquietante momento del relato donde el doctor Armitage se entrevista con la anciana Huldah Bishop, de incalculable edad, oculta en la oscuridad de su habitación. Al hablar, la mujer se ríe evidenciando que sabe mucho más de lo que cuenta. Su cuerpo, visible tenuemente, está monstruosamente deformado. El lector avezado recordará la inquietante entrevista entre Albert Wilmarth y Henry Akeley en “El que susurra en la Oscuridad”.

El Salto Del Diablo: Escrito por Richard Allen Lupoff, informático antes de dedicarse a tiempo completo a la literatura, narra la historia de una mestiza. Earl Sawyer dejó estupefactos a todos cuando abandonó a Mamie Bishop para unirse a Zenia Whateley, hija de Zebulon Whateley y una mujer cuyo nombre ya nadie podía recordar. Zenia y Earl se unen en matrimonio dado el avanzado estado de gestación de la mujer y, cuando da a luz tras un parto casi interminable, ella muere. La niña, Hester Sawyer, habla con la claridad de ideas y propiedad de un adulto con tan solo ocho meses de edad y es extraordinariamente hermosa, atractiva, voluptuosa y fascinante. Sin embargo, su cuerpo tiene la altura de un bebé. Diez años después del Horror vivido en Dunwich, los ruidos, crujidos y temblores de tierra vuelven a repetirse.

El relato quiso ser una continuación de “El horror de Dunwich” y comparte con él ciertos elementos. No obstante el autor optó por dotar a la historia de aspectos originales, como los sacrificios en una montaña totalmente estéril llamada Salto del Diablo, que no tienen nada que ver con la historia de Lovecraft. De hecho, a pesar de que se nos insinúan más que explican la clase de terribles ceremoniales que se llevan a cabo en ese lugar maldito, no acaban de conseguir el mismo efecto que Machen o el mismo Lovecraft cuando “piadosamente” nos evitan conocer los detalles de algún suceso. Por desgracia nos encontramos ante el peor relato de la antología, anticlimático y con un sabor a pastiche que no puede quitarse de encima por mucho que lo intente. Pero si olvidamos el relato central del libro, no es una mala historia.

El Camino a Dunwich: Benjamin Philip Indick, historiador no oficial de la Asociación de Prensa Amateur de la “Orden Esotérica de Dagon” publicó este relato en su primer número. Uno de los campesinos de Dunwich, alejado de los misterios y tradiciones del lugar, vive en una granja con su hijo Evan. Cuando el joven alcanza la edad adecuada se casa con Alice Whateley, una bella estudiante de Geología, que un día encuentra una piedra con un insólito símbolo esculpido en ella. Obsesionada con su ella, la vida de los tres personajes cambiará radicalmente y, tanto más, al descubrir que se encuentra embarazada: Evan y ella han sido incapaces de concebir un hijo por mucho que lo han intentado. Como en las tragedias griegas, el final se hace previsible casi desde las primeras páginas, provocando un sentimiento de triste e impotencia.

Aunque Dunwich sirve como escenario para esta historia, podría haberse desarrollado en cualquier otro lugar que Indick hubiera querido. No obstante la riqueza y solidez del paraje maldito creado por Lovecraft lo hace ideal para una historia que se aleja del barroquismo y el terror del maestro para explorar otra forma de expresión más moderna, directa y libre de artificios al tiempo que otras emociones. Lejos de relatos como “Aire frío” donde los personajes son destruidos en medio de inmundos charcos pestilentes, la muerte en esta historia trasmite un matiz sangriento cargado de la desesperación de la inevitabilidad. Sin duda “El camino a Dunwich” es un relato magnífico, una perfecta fusión de terror y drama a partes iguales que es difícil que deje indiferente a lector alguno que sea admirador de los Mitos o el terror en general.

La Cabaña Del Árbol: Relato de Wilum Hopfrog Pugmire, escritor norteamericano fuertemente influido por las obras de Howard Phillips Lovecraft, cuyas obras tienen innumerables referencias a los Mitos. En este relato, John Whateley encuentra los diarios de su padre, Ebenezer, metidos en una simple caja de cartón. Ansioso por conocer lo sucedido en Dunwich en 1928 con Wilbur Whateley, primo de su padre, comienza a investigar. Su camino se cruza con el de Nathan Vreeland, que ayudó a traducir fragmentos de ciertos libros arcanos con los que terminó obsesionándose de la misma forma en la que ahora lo está John. Las respuestas a sus preguntas se encuentran en el Valle Sesqua (creación de Pugmire y que empleó en varios de sus relatos) donde descubrirá a su pesar mucho más de lo que esperaba encontrar.

“La cabaña del árbol” pretende ser una secuela de “El horror de Dunwich” que se queda en eso, en una mera pretensión. Al estilo de los peores culebrones venezolanos, asistimos atónitos al descubrimiento de que Lavinia no dio a luz gemelos en aquella infausta noche, sino trillizos, aumentando la camada de los Whateley en un híbrido maldito más. Esta vuelta de tuerca al relato de Lovecraft resulta un tanto tramposa y nada creíble al modificar sustancialmente un hecho básico muy anterior de los Mitos. A pesar del abrupto final que nos ofrece, tiene una calidad bastante superior a “El salto del Diablo” y, junto con él, conforman los dos relatos menos recomendables de la presente antología. Pugmire siempre ha declarado que nunca ha pretendido superar las obras de Lovecraft, a cuya sombra dice que realiza sus creaciones literarias.

No Puedes Llevártelo Contigo: Escrito por el norteamericano C. J. Henderson es el creador de los detectives Jack Hagee, un duro investigador privado, y Teddy London, dotado de poderes paranormales. En este relato el primero de ellos relata un caso ocurrido algún tiempo atrás y que no puede olvidar. Una extraña y hermosa mujer, Lisa Whateley, contrató sus servicios para averiguar quién la perseguía y porqué. A medida que avanza en su investigación en la buena dirección, unas extrañas criaturas blandas y de aspecto acuático comienzan a acosarle hasta el impactante final. Henderson fusiona con maestría el pastiche lovecraftiano y la más clásica novela negra, con diálogos apropiados al género de detectives y una soltura de su personaje en el universo del solitario de Providence que más de uno quisiera para sí.

Siendo ortodoxos, la historia parece más relacionada con el pueblo de Innsmouth que con Dunwich, con lo que resulta un tanto peculiar encontrarla en esta antología dedicada a “El Horror de Dunwich”. Pasaremos por alto este detalle únicamente por la calidad del relato, realmente extraordinaria, pero siendo puristas no alcanzo a comprender la razón de su inclusión. “No puedes llevártelo contigo” fue adaptado en una producción cinematográfica estrenada directamente en vídeo con el nombre de “Cast a Deadly Spell” (traducido en España, con una falta de fidelidad a la que ya estamos acostumbrados, como “El sello del Diablo”). En ella un detective de nombre Harry Philip Lovecraft intenta recuperar una copia del blasfemo Necronomicón antes de que un gánster lo use para abrir las puertas de nuestra realidad a los Antiguos.

La Espera De Wilbur Watheley: Escrita también por el antologista, Robert McNair Price, la historia trata de Wilbur Whateley, que como recordaremos fue atacado por un perro guardián de la Universidad de Miskatonic que lo mató. La historia parte de este punto y en una ucronía simpática el híbrido logra escapar invocando en el último instante un conjuro. Una nueva oportunidad se abría ante él y sólo tenía que esperar que alguien fuese tan insensato como para decir las palabras adecuadas y traerle de vuelta a nuestro mundo. Pero una vez que logra regresar, se da cuenta que el mundo actual no es lo que él pensaba y encuentra, por ejemplo, decenas de copias del Necronomicón por todas partes, el laboratorio nuclear Pickman y otros muchos detalles que le llevan a extrañarse de que los Antiguos no estén ya entre nosotros.

Wilbur descubre a causa de todas esas sorpresas, que no está preparado para vivir en la actualidad y, mucho menos, en una ciudad. Quizá deba buscar su propio fin para alcanzar un nuevo principio. Como cualquier moda, los “Mitos de Cthulhu” han pasado por las fases de ascenso, apogeo y decadencia. Es en esta última donde surgen los relatos satíricos que pueden hacer disfrutar y relajarse al seguidor de la historia “oficial”. Divertido, entretenido y sin grandes pretensiones, “La espera de Wilbur Watheley” merece la pena ser leído para reírse con las reacciones de una criatura empeñada en buscar la destrucción del mundo dejando entrar en él a los Antiguos que llega a una época en la que nadie toma en serio las leyendas, los monstruos de otras dimensiones, ni la magia verdadera… ni prácticamente nada, la verdad.

Dentro de las diversas antologías de relatos basados en los mundos de terror de Howard Phillips Lovecraft existentes, “El ciclo de Dunwich” es una de las mejores por varias razones. La principal es que casi todos los relatos en ella incluidos están directamente relacionados con el núcleo de la obra del solitario escritor de Providence, apartándose únicamente en aras de la creatividad o el más puro entusiasmo narrativo. Por otro lado no se trata únicamente de una serie de “pastiches” creados con más o menos fortuna, sino que su grado de imaginación, creatividad y calidad se sitúa muy encima de lo normal en estos casos. Para la editorial La Factoría de Ideas fue la quinta antología publicada dedicada a “Los mitos de Cthulhu” si sumamos las de Solaris Fantasía y la primera que vio la luz dentro de la colección Solaris Terror.

Título: El Ciclo de Dunwich
EDITORIAL: La Factoría de Ideas
ISBN: 978- 84-8421-526-1
Autor: VV.AA.
Páginas: 312

Share This Post

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Lost Password

Register