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Literatura Fantástica

Dune

Reseña de Dune

La Jihad es el camino: “Dune”, obra maestra.

Me llamo Paul Muad’Dib, aunque fui en el pasado Paul Atreides y en el futuro, una leyenda. Mi mundo, Arrakis. Mi gente, los fremen. Mi decisión, la Jihad.

He buscado la alternativa en todos los caminos del tiempo como el peregrino del desierto busca la humedad en el horizonte, aunque sea una falacia fruto de su sed. No he encontrado más respuesta. La Jihad, la purga universal, es la única verdad y la única bandera. Mi estandarte será la señal que marque el inicio de un fin que será comienzo.

En estos tiempos en que la especia ata a la raza humana decidiendo su suerte, en estos tiempos en que La Cofradía, El Imperio y los Harkonnen orbitan alrededor de Arrakis, buitres escondidos en pieles de metal y luz, se decide el camino que nos llevará a la purificación o al estancamiento.

Mas no deseo la muerte de los millones que morirán. Oh sí, morirán. Tan seguro como que la especia envuelve los ojos tras una cortina azulada. Derramaré mi agua por cada cuerpo caído, la derramaré y lloraré en silencio.

Del «Lamento de Muab’Dib», por la princesa Irulan.

Pensemos en Arrakis, pensemos en Dune. Pensemos en los mares ondulados de arena, centelleando bajo el resplandor plateado del sol arrakeno. Pensemos en las palabras que lo evocan: especia, melange, destiltraje, crys, ciélago, Hacedor… Pensemos en ellos, en los Hacedores, en su cuerpo segmentado y sus dientes de cristal, hendiendo la quietud del desierto como olas bravías e indómitas, olas que levantan tras de sí un cometa de polvo. Pensemos en el duque Leto, en la decisión terrible que le obliga a valorar el valor de su vida y el de su familia. Pensemos en Jessica y en las Bene-Gesserit, pensemos en el ojo interior y en la fusión de los tiempos. Pensemos en Arrakis, pensemos en Dune. Pensemos en Paul Muab’Dib, el futuro de la casa Atreides, el futuro del universo, para bien o para mal. Y pensemos en lo inevitable: la Jihad, sacudiendo las estrellas en un grito mudo.

Cuando pienso en Dune, pienso en cómo reflejar ese pensamiento, pues cuando uno vive y respira en Arrakis, cuando uno ha seguido las curvas del desierto a la manera de los Fremen con el sol ardiente calentando la nuca, cuando el viento ha acariciado ya mi cabello tantas veces montado al lomo de un Hacedor, cuando el tacto áspero del destiltraje que me protege del desierto es una segunda piel, cuando la melange ya ha teñido mis ojos de azul, no me veo capaz de hablar con alguien que no haya visto lo que he visto. Dudo de que me comprenda. Así que voy a tratar de analizar con la mente, más que con la intuición, que es fusión de aquella y del corazón, qué es Dune, qué es Arrakis, qué creó Frank Herbert y qué significa.

Tres temas serán nuestros faros guía para articular el discurso: religión, política y el tiempo.

La religión en Dune es algo más que un conjunto de creencias compartidas por un grupo social, es una finalidad en sí misma, un arma de la política, un conjunto de herramientas para crear leyendas y oídos para esas leyendas. Dune cuenta la historia de cómo una familia de nobles, los Atreides, se ven obligados al exilio por circunstancias políticas complejas y ligadas al adiestramiento militar que el cabeza de familia, el conde Leto Atreides, proporciona a sus soldados. Su nuevo hogar, Arrakis, planeta desértico e inhóspito pero de vital importancia económica por ser el flujo de una materia prima fundamental en la sociedad Imperial: la especia. Su consumo adictivo da la riqueza. Pero la especia es mucho más. La religión encuentra su lugar a la llegada del duque Atreides. Un grupo sectario de mujeres con poderes mentales que sobrepasan la simple telepatía, las Bene-Geserit, han influenciado a los nativos de Arrakis, los fremen, para creer en una profecía que conviene, en principio a sus designios, y que liga un futuro de prosperidad al pueblo del desierto con la llegada de un joven, un varón, nacido del vientre de una Bene Gesserit: El Kwisatz Haderach. Ese joven es el hijo de Leto Atreides y centro de toda la trama: Paul (Muab’Dib) Atreides.

Las reflexiones de Herbert sobre la religión son ateas, conciben la fe desde una perspectiva racional, explica sus mecanismos, los tornillos y tuercas que construyen la ilusión de creer en lo divino, en lo ultraterreno, en lo incontrolable.

La política es también pieza fundamental de esta gran novela. Lo que a Herbert le interesa de la política es la visión completa del tablero, cómo se juega la partida entre las diferentes facciones y hacia qué lado se inclina, según el curso de los acontecimientos, la baraja. La situación es compleja y los jugadores, numerosos. Por un lado están los intereses económicos del emperador en Arrakis, planeta al que delega su control directo a un sector de la nobleza especialmente violento y malicioso, los Harkonnen y por otro están sus intereses militares, de secretismo estratégico podríamos decir, pues sus tropas de elite, los Sadaukar, esconden un secreto desagradable en su adiestramiento. La familia Atreides, es el rey al que todos quieren hacer jaque mate, los Harkonnen por avaricia, el Emperador por seguridad y la Cofradía (el elemento económico de la ecuación) por motivos de negocios. Los Fremen son la reina, el elemento sorpresa e infravalorado que, en las manos de Paul, dinamitará las expectativas de los demás. Y, por último, las Benne Gesserit se descubren como las manos que mueven los hilos. Pero las marionetas pueden revelarse y cortar las cuerdas que los atan a sus designios.

Finalmente, el tiempo. El tiempo entendido como un complejo calidoscopio de posibilidades, es el motor que lleva a Paul a replantearse continuamente las soluciones que adopta. Paul contemplará los pasados, presentes y futuros (en plural,) que sus elecciones le reservan a él y a la compleja en la que se encuentran enredados todos los jugadores. Y en el horizonte del tiempo, él como leyenda y la Jihad como resultado. Atormentándolo.

Escrito con una prosa exquisita, con la precisión del Richard Matheson de Soy Leyenda, y las explosiones ocasionales de lirismo sencillo pero potente, con metáforas encauzadas a la ambientación desértica de Arrakis, Dune es, sin duda, una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos y uno de los grandes triunfos narrativos del siglo veinte.

A lomos del Hacedor que me ha aceptado como caballero de la arena, me despido, con mi cogulla ocultando el azul que cubre mis ojos de guerrero.

La Jihad se acerca…

Título: Dune
EDITORIAL: Debolsillo
ISBN: 978-84-97596824
Autor: Frank Herbert
Páginas: 698

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