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Libros de Terror

Diástole

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Diástole: Un chute literario

Para todos aquellos que nos dedicamos a las letras, cuando somos lectores agradecemos (casi exigimos) que el leído haya afilado su espada. Como bien me dijo Jack Ketchum (perks del oficio) se distingue muy bien a un “hamburguesero”, a un tipo de prosa-palomita, de aquel que ha afilado su espada.

El gran Musashi Miyamoto (ese Aristóteles nipón al que tanto debía estudiarse y al que tanto se desconoce por estas tierras) lo expresó también con claridad absoluta: 10000 horas de entrenamiento transforman a cualquier persona en maestro de la disciplina. El talento del que partiera es lo de menos. Las horas, el sudor, el superarse uno mismo, el afilar la espada, en definitiva, es lo único que cuenta.

Esta visión, tal vez algo parcial, no deja de encerrar una gran verdad, tal vez menos evidente de lo que parece. No se trata meramente de que el esfuerzo produce el sabio a la larga, sino de que asumir y mantener este esfuerzo ya es algo solo al alcance de los sabios.

Emilio Bueso, como puede suponerse, es de los que han afilado (y afilan) su espada. La ha afilado tan bien que leerlo se convierte en un placer más allá de la trama, alcanzando ese ideal de todo narrador que es enamorar con el cómo casi con independencia del qué.

Pero es que además “Diástole” tiene un qué de lo más sugerente. Jêrome, un pintor de los buenos, de los yonkis, de los caóticos, acomete durante cuatro noches el retrato de Iván, un hombre que tal vez no sea simplemente hombre que desea ser capturado en el lienzo del francés por motivos que se irán desvelando a fuego lento. Por cada una de esas noches, Jêrome se lleva un fragmento de la vida de Ivan, vida que emplea para plasmar la verdadera esencia del ruso en un cuadro que, lo percibe desde el primer trazo, será su obra maestra.

Unido a este qué, está un magnífico cómo. Si queremos apoyarnos en comparaciones, cosa peliaguda cuando el autor tiene su propia voz, creo que encontraríamos un artista paralelo al estilo de Bueso antes en el cine que en la literatura. Efectivamente, un Martin Scorsese sería, a mi juicio, el autor más cercano, estilísticamente hablando, a este castellonense de prosa trapera y lírica caleidoscópica.

Al igual que Scorsese, Bueso combina la velocidad narrativa, la precisión y suciedad de un estilo que huele a calle, con la constante irrupción de una poética desatada y de imágenes fugaces que parecen desangrarse en la mente de sus miserables personajes.

Un ejemplo:

«Así que no hago nada bueno. Hago lo que hago yo. Follarme a la heroína de mi peor historia en cualquier callejón. Dejarme llevar por la única pasión que me hace vibrar ya. Paro el mundo, le digo al globo que deje de orbitar, a la Tierra que ya no gire más. Suena en mi cabeza la aguja de un tocadiscos derrapando sobre el vinilo. Por un momento, no hay traslación ni rotación ni puede oírse el rumor del viento en los árboles ni brillan las estrellas ni cantan los grillos ni se escuchan los pájaros nocturnos».

Y así constantemente, de la precisión fotorrealista a la introspección poética que desbroza la realidad en imágenes de sueños quebrados a ritmo de sístole y diástole.

También hay que destacar un aspecto que suele obviarse en las críticas literarias (aun en las serias) y esta es la estructura interna del relato. Bueso acierta en el centro de la diana al fragmentar la historia en cuatro noches y sus interludios, tanto por motivos argumentales, como estéticos. La suerte de repetición que se va produciendo entre las idas y venidas de Jêrome corren en paralelo con la inevitabilidad de su desenlace. Esta historia solo puede acabar de una manera. Lo sabe Jêrome, lo sabe Ivan y lo sabemos nosotros, y que la estructura acompañe este conocimiento prolongando la agonía y reiterándola, es, me repito, un gran acierto.

En lo negativo, como dijo un sabio, cagarrutas de mosca en la Capilla Sixtina. Alguna dosificación de la información algo atropellada; el hecho de que la voz de Bueso se cuele demasiado en los diálogos de sus personajes; un último capítulo tal vez demasiado largo y alguna pequeña errata. Nada, en definitiva, que mancille en absoluto el buen mal rato que pasaremos sumergidos en sus páginas.

Buen chute literario, que deja con ganas de más (por suerte, “Cenital” está a la vuelta de la esquina) y un autor con mucho que decir para los años venideros.

El fantástico hispano sigue demostrando que si se quiere, se puede. Pero, como bien demuestra “Diástole”, hay que afilar la espada.

Día tras día.

Título: Diástole
EDITORIAL: Salto de Página
ISBN: 978-84-15065-07-4
Autor: Emilio Bueso
Páginas: 240

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