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Libros de Terror

Ciudad Infernal

«Una visita en primera clase a un Infierno como nunca lo imaginaste»

Edward Lee nació en 1957 en Estados Unidos. Sirvió en la Agencia de Seguridad del Ejército de 1976 a 1979. Más adelante trabajó como oficial de policía en Cottage Village, lo que le marcó de manera considerable ya que, nada más dejarlo para dedicarse a escribir, el hombre que le sustituyó fue muerto por un disparo. Desde entonces ha publicado quince novelas.

La mayoría de sus obras entran en lo que se considera terror duro, escritas con un estilo crudo y sin tapujos que le ha generado un gran número de fans así como de detractores. Esto ha hecho que sea una de las referencias a escala mundial del subgénero gore.

Su novela “The Bighead” está considerada la más grotesca de la literatura, si bien los críticos opinan que la mejor es “Ciudad Infernal”.

Sinopsis Editorial:
Cassie, una joven gótica, se ha visto apartada de sus amigos y arrancada de su vida en las entrañas de la ciudad, mientras su hermana se suicidaba. La vieja residencia sureña de antes de la guerra es algo más que una casa. Es un umbral al Paso de los Muertos, un lugar infernal en el que puedes abrir una puerta y entrar directamente al Infierno. Y eso es justo lo que hace Cassie. Es una pena que la puerta se cierre detrás de ella…

Pero el Infierno no es precisamente como ella se esperaba. No hay pozos con azufre hirviente, ni fuego eterno. Así como la civilización humana ha evolucionado en estos últimos cinco mil años, lo mismo ha ocurrido allí. El Averno es ahora una ciudad, una metrópolis pujante llena de maldad sistematizada, con la atrocidad como statu quo y su gobierno como estructura más diabólica.

Edward lee es uno de los autores estrella en el género de terror en los últimos años. Su obra no deja a nadie indiferente, mezclando lo macabro con el humor más negro y la descripción más visceral, dibujando un mundo donde lo sádico y cruel está a la orden del día.

Crítica:

«La imagen del Infierno que crea en estas páginas es una de maldad diabólica y diseño grandioso. Lee no se ha dejado fuera ni un solo detalle, haciendo de ello una vibrante excursión que nadie se debería perder»
—Publishers Weekly
«La visión y descripción del Infierno de Lee es más dura y vívida que nada creado anteriormente»
—The Guardian
«Edward Lee hace un dibujo del infierno como Hieronymus Bosch en ácido»
—Brian M. Sammons
«Lee es un maestro de lo visual que no se puede ver»
—Horror.com
«Al principio no querrás seguir, pero pronto te encontrarás pasando páginas de manera desesperada, para saber qué se esconde más allá»
—Booklist

Avance Cedido por la Editorial:
«El hombre recorre la calle con dificultad. La placa de la esquina dice: «AVENIDA ISCARIOTE».
Lleva una cabeza pinchada en un palo, y la cabeza habla.
—¿Puede darme alguna moneda? —pregunta la cabeza a la gente con la que se cruzan. El hombre no puede hablar. Tiene el cuerpo medio podrido, uno de sus ojos es un agujero vacío y pequeños piojos con colmillos recorren su pelo. Su piel está llena de pústulas por culpa de la última epidemia urbana y las alimañas le devoraron la lengua hace mucho tiempo.
Una mujer bien vestida, con un elegante sombrero, pasa repiqueteando sobre sus delicados tacones. Lleva puesta una gabardina ribeteada de piel humana a rayas. De su suave frente inclinada surgen diminutos cuernecillos. La mujer es una demoniesa del barrio rico de la ciudad.
—¿Puede darme alguna moneda, señora? —pregunta la cabeza.
El hombre que sostiene la cabeza extiende una mano cadavérica y, antes de alejarse, la demoniesa le entrega una brillante moneda de veinticinco centavos.
En la moneda no está acuñada la efigie de George Washington, sino la del asesino en serie Richard Speck.
—Gracias —dice la cabeza amputada a la demoniesa mientras esta se aleja taconeando.

Aquí reciclan.

Los troles híbridos conforman un equipo de reciclaje municipal. Trasladan cualquier tipo de cadáver que encuentren en las calles a las enormes cubas negras de los diversos camiones de la carne, propulsados a vapor. Finalmente los camiones atraviesan, resoplando, las puertas delanteras de la zona industrial y descargan en las tolvas de recogida de una planta trituradora. Se extrae la sangre para destilarla, la carne se filetea para alimento y los huesos se secan y se muelen para hacer cemento. Por lo pronto, un buen negocio.
Barcazas tripuladas por gólems flotan en la superficie parda y llena de grumos de un río llamado Estigio, y bombean aguas residuales sin tratar hasta las reservas de agua potable de la ciudad. Grandes hornos queman azufre sin refinar, sin otro propósito que polucionar el aire, pero los respiraderos de los silos de los hornos reciclan el intenso calor para mantener bien calientes las prisiones locales. El pelo de los seres humanos muertos se utiliza para rellenar almohadas y cojines destinados a la elite demoníaca.
Incluso las almas son recicladas. Cuando un cuerpo queda lo bastante destruido, el alma es transferida a una especie inferior.

Vida eterna en la muerte eterna.
La mayoría de las ciudades funciona con electricidad, pero esta no. Esta funciona gracias al horror. El sufrimiento sirve de energía transformable; el terror es el más valioso recurso natural de la ciudad y es extraído como si fuera combustible. Los alquimistas industriales y los brujos del ayuntamiento se sirven de sus avanzadas artes de hechicería para aprovechar la actividad sináptica que se desata de manera continua entre las neuronas, y cuya mayor productividad corresponde al dolor. En las zumbantes centrales de energía, los residentes menos útiles de la ciudad son apresados, colgados boca abajo de largas losas de piedra y torturados de forma sistemática. La tortura nunca termina, y las víctimas tampoco llegan jamás a morir. Simplemente siguen allí, a menudo durante siglos, convulsionándose por un dolor sin fin cuya energía es extraída de sus cerebros al descubierto y conducida a los enormes transformadores.

Una sola alma humana puede generar energía suficiente para iluminar una manzana de casas… por toda la eternidad»


Título: Ciudad Infernal
EDITORIAL: La Factoría
ISBN: 978-84-9800-234-8
Autor: Edward Lee
Páginas: 326

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