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Cementerio de animales

Cementerio de animales

Según su propio autor, el libro está inspirado en el conocido relato corto titulado “La pata del mono” (“The monkey’s paw”) del humorista, novelista y cuentista británico William Wymark Jacobs. En él, la mano muerta y arrancada de un mono se convierte en un talismán con el poder mágico de conceder tres deseos a su portador. Como suele suceder en estos relatos, el primero se hace sin cuidado alguno, casi como una prueba de su poder, aunque trae aparejado una desgracia (no es fácil formular correctamente un deseo), el segundo trata de corregir los errores del primero, pero en realidad tan solo los empeora, y el tercero se usa para anular los efectos del segundo. De tal forma que solo el primer deseo tiene efecto, de alguna manera, al finalizar el conjunto de peticiones. Me permito incluir un fragmento de la obra para que se comprenda con un cierto nivel de detalle, la macabra naturaleza del relato. En él, ambos protagonistas habían pedido como segundo deseo que su hijo fallecido regresara de nuevo a la vida en el estado en el que estuviese. Pero no estaban preparados para lo que encontraron…

La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa.
—¡Es Herbert! ¡Es Herbert! —La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó.
—¿Qué vas a hacer? —le dijo ahogadamente.
—¡Es mi hijo; es Herbert! —gritó la mujer, luchando para que la soltara—. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta.
—Por amor de Dios, no lo dejes entrar —dijo el hombre, temblando.

“Cementerio de animales” sigue una pauta parecida, donde lo más deseado se vuelve horrendo por no saber dejar las cosas tal y como están. Por no respetar el orden natural de lo sucedido y querer alterar los hechos en nuestro favor. Para ello, se movilizarán fuerzas que están más allá de la comprensión humana y que, como suele suceder, tienen sus propios planes.

El pequeño Church estaba allí otra vez, como Louis Creed temía y deseaba. Porque su hijita Ellie le había encomendado que cuidara del gato, y Church había muerto atropellado. Louis lo había comprobado: el gato estaba muerto, incluso lo había enterrado más allá del Cementerio de animales. Sin embargo, Church había regresado, y sus ojos eran más crueles y perversos que antes. Pero volvía a estar allí y Ellie no lo lamentaría. Louis Creed sí lo lamentaría. Porque más allá del cementerio de animales, más allá de la valla de troncos que nadie se atrevía a trasponer, más allá de los cuarenta y cinco escalones, el maligno poder del antiguo cementerio indio le reclamaba con macabra avidez…

Es probable que nos encontremos ante una de las obras más oscuras de Stephen King. La idea de la muerte es algo que los niños desconocen y los adultos aprendemos a ignorar hasta que llega el inevitable momento. Sin embargo “Cementerio de animales” nos pone frente a ambas problemáticas a un mismo tiempo. Cuando el gato de Ellie, “Church” muere atropellado por un camión, Louis Creed debe aceptar la mortalidad como algo que está presente en su vida y, lo que es peor, hacérselo entender a su hija pequeña que parece intuir que algo sucede.

Jud Crandall, un anciano aún ágil para su edad de ochenta y tres años muestra al protagonista el “Cementerio de animales” o, como está mejor traducido en una edición mexicana, el “Sementerio de animales” (recordemos que el título original es “Pet Sematary”). Durante décadas, los niños del lugar han ido enterrando en él a sus mascotas fallecidas, principalmente a causa de la peligrosa carretera que cruza el lugar. En todos los lugares conocidos hay una carretera muy incierta y de mala visión que provoca pesadillas en los padres.

El anciano les previene acerca de la necesidad de operar a Church para castrarlo y que no salga tanto de paseo como suelen hacer los gatos. Pero Louis ya lo pensó en su día y se negó a ello y ahora no parece muy predispuesto. Aunque el narrador lo niega, el fantasma de la castración y su proyección en el gato son evidentes para el lector. No obstante, en definitiva e inútilmente, el gato es castrado. Gage, por último, es el hijo menor de la familia, siempre bajo el cuidado de su madre y esposa de Louis, Rachel. Como referencia a otra novela de Stephen King, Louis hace una pregunta con una sorprendente respuesta al querer saber por qué las autoridades prohíben mapaches y zorrillos:

—¿Por qué lo prohibieron?
—Por la rabia —dijo Crandall—. Hay muchos casos de rabia en el Maine. Un viejo San Bernardo pilló la rabia hace un par de años en la zona sur del estado y mató a cuatro personas.

Supongo que el lector avezado de las obras de King sabe perfectamente a la temática de qué libro se están refiriendo. Para el resto, se puede adelantar y recomendar la novela de “Cujo”.

Cuando el anciano les muestra el cementerio donde los niños entierran a sus mascotas, la descripción emana una sensación escalofriante que contrasta con la supuesta belleza que trata de transmitir. La aceptación de la muerte, especialmente la accidental, choca con las manufacturas de tumbas por parte de niños e inscripciones con faltas de ortografía por doquier pero que, sin embargo, desprenden un gran cariño por sus mascotas perdidas.

Allí el suelo estaba limpio de agujas de pino. En un círculo de unos quince metros de diámetro, casi perfecto, la hierba había sido segada a ras de tierra. Rodeaba el círculo una maraña de densos matorrales, interrumpida por unos árboles derribados que formaban un montón de aspecto a la vez siniestro y amenazador. «El que tratara de pasar por ahí o de escalar ese montón de leños debería tomar la precaución de ponerse un buen blindaje», pensó Louis. El claro estaba sembrado de una especie de lápidas, fabricadas evidentemente por artesanos infantiles con los materiales más diversos que habían podido conseguir: cajas de madera, tablas y planchas metálicas. No obstante, en medio de aquel cerco de arbustos bajos y árboles desmedrados que luchaban por espacio vital y buscaban la luz del sol, el mero hecho de su tosca factura y la circunstancia de que fueran obra de manos humanas, parecían darles una cierta homogeneidad. Con el bosque como telón de fondo, el lugar tenía un aire fantasmagórico, un ambiente más pagano que cristiano.

Antes de marcharse, con su madre y su hermano pequeño, Ellie reniega de la muerte y no quiere que su gato sufra el mismo destino que el resto de mascotas en el cementerio. Su inocencia se ha hecho trizas en un instante; la muerte ya ha entrado en su vida. De hecho, esa idea provoca un enfrentamiento entre Louis y Rachel, pues la última cree que su hija no debería pensar tan pronto en la muerte y de la forma obsesiva en que parece hacerlo.

Louis, precisamente, va a trabajar como doctor en su nuevo destino: salvar a la gente de la muerte, de la enfermedad y aliviar el sufrimiento ajeno. Pero también él, aparentemente comprensivo con el tema de la muerte, va a sufrir un suceso que le dejará huella cuando un estudiante, Víctor Pascow, su primer paciente de la Universidad de Maine, en Orono, tiene la cabeza aplastada y el cuello roto y un fluido amarillo y purulento gotea en la alfombra mezclado con la sangre. Y todo procede del cráneo por el que el que puede verse la masa encefálica. Pese a ello su boca pronuncia ciertas cosas que no puede entender, pero que más tarde serán reveladas.

Pero Víctor Pascow vuelve de la muerte para indicarle que allí, cerca del cementerio de animales, hay una puerta (metafóricamente hablando) que no debe ser traspasada. Como en “Cuento de Navidad”, al que el propio libro referencia en otra parte, los fantasmas regresan para avisar al protagonista de que su camino le conducirán al Infierno. La diferencia es que, en este caso, el Infierno también puede estar en vida. Curiosamente desde el momento de la aparición de Pascow, la pareja comienza a hacer el amor todas las noches. La única forma humana de negación de la muerte: la perpetuación de la especie mediante la práctica del sexo.

Tras salvar Louis a la esposa de Jud de la muerte gracias a sus conocimientos médicos. El anciano se siente en deuda con él y es por ello que, al morir “Church” accidentalmente, le muestra un siniestro y misterioso lugar que está más allá del cementerio de animales. Un lugar donde la muerte es, de alguna forma, negada.

“Louis miró en derredor. Se veía bastante bien a la luz de las estrellas. Estaban en una plataforma rocosa sembrada de cascajo, que asomaba de la tierra que se extendía más allá como una lengua oscura. Al otro lado, por donde habían venido, se veían las copas de los abetos. Al parecer, habían subido a lo alto de una especie de mesa, un accidente geológico más propio de Arizona o Nuevo México. Allí arriba, en lo alto de la mesa —o colina achatada o lo que fuera—, no había árboles, sino sólo hierba, por lo que el sol había fundido la nieve. Al volverse hacia Jud, Louis vio unos matorrales que se agitaban al viento y descubrió que no se encontraban en una cumbre aislada, sino que delante de ellos el terreno volvía a elevarse hacia unos árboles. Pero era tan extraña la configuración de aquella plataforma entre las suaves ondulaciones de las viejas colinas de Nueva Inglaterra…”

Allí, Louis tiene que encargarse de enterrar a “Church”. Un lugar de negación de la muerte, un lugar de resurrección. Pero lo que regresa del cementerio indio situado más allá del cementerio de animales no es Church por mucho que tenga su forma externa: algo ha tomado posesión de su cuerpo. Algo maligno y antiguo como el mismo tiempo. La negación de la muerte ha conducido a una situación que ningún miembro de la familia va a poder vivir con tranquilidad. Tras “Church” vendrán otros con las mismas características en su maldita resurrección. Porque a veces, la muerte no es lo peor que le puede suceder a una criatura viva.

A veces, la muerte es mucho mejor.

Stephen Edwin King (Portland, Maine, 21 de septiembre de 1947) es un escritor estadounidense conocido por sus novelas de terror. Los libros de King han estado muy a menudo en las listas de superventas. En 2003 recibió el National Book Award por su trayectoria y contribución a las letras estadounidenses, el cual fue otorgado por la National Book Foundation. Es conocido mundialmente por haber sido el autor de novelas como “Carrie”, “El resplandor”, “It”, “Cementerio de animales”, “Misery”, “El misterio de Salem’s Lot”, entre muchas otras. King, además, ha escrito obras que no corresponden al género de terror, incluyendo las novelas “Different Seasons”, “El pasillo de la muerte”, “Los ojos del dragón”, “Corazones en Atlántida”, “11/22/63” y su autodenominada “magnum opus”, “La Torre Oscura”. Durante un periodo utilizó los seudónimos Richard Bachman y John Swithen. Es padre del escritor Joe Hill y esposo de la escritora y activista Tabitha Spruce.

Título original: “Pet sematary”
Autor: Stephen King
Idioma original: Inglés
Año de publicación: 1983
Edición: Tapa blanda
Páginas: 488
Editor: Debolsillo
Nº Edición: 001 (28 de marzo de 2014)
Colección: BEST SELLER
Idioma: Español
ISBN-10: 8497930991
ISBN-13: 978-8497930994

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