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Libros de Terror

Al acecho

Portada de Al Acecho

Considerada por la gran mayoría de sus seguidores como la obra maestra de Jack Ketchum, Al acecho (Off season, 1980) es la primera parte de la trilogía de “Dead River”, seguida por Off spring, 1991 y The woman (2010). Entre la primer y segunda parte hay un relato corto, titulado “Hoja del invierno” (“Winter child”, 2006) que sirvió como interludio entre la primera y la segunda parte, separadas por más de una década de tiempo, y ayuda a rellenar los huecos entre ambas historias. La sinopsis de esta última es la historia de una niña que sola, aparece en medio de una tormenta, muerta de frío y la casa de un hombre viudo y su único hijo. Al no tener ningún familiar al que acudir se queda en la casa de la pequeña familia, pero el hijo desconfiará de la niña casi desde el primer momento… y atendiendo al espantoso final que Jack Ketchum no nos ahorra en detalles, con toda la razón.

Tras este inicio, quizá inapropiado pero que nos puede servir de tentempié para lo que viene, vamos a comenzar a echar un vistazo a la novela “Al acecho”. Su sinopsis es la siguiente: “Septiembre. Una bella editora neoyorquina se retira, en temporada baja, a una solitaria cabaña en la colina de una tranquila ciudad costera, Dead River, donde espera la llegada de su hermana y sus amigos. Cerca, en el bosque sombrío, una familia de caníbales salvajes está al acecho, observando y esperando a que salga la luna y caiga la noche… Y en pocas horas, cinco personas civilizadas y sofisticadas, así como un viejo y cansado sheriff, aprenderán cuán primitivos somos debajo de la superficie y que no existen límites ante el deseo de sobrevivir.” ¿Qué opinión ha parecido la obra para la presa especializada? Echemos un vistazo totalmente gratuito y que está incluido también en la contraportada.

“¿Quién es el escritor americano más sobrecogedor? Probablemente, Jack Ketchum, el forajido escritor de novelas de terror cuya estremecedora primera novela, Al acecho, está finalmente disponible sin censura. Ketchum se ha convertido en un héroe para todos aquellos que escribimos relatos de terror y suspense. Es, sencillamente, uno de los mejores del género.”
Stephen King

Esta crítica de Stephen King sirvió para que muchos de los lectores en potencia que tenían serias dudas sobre la idoneidad de un libro de estas características, se decidieran. Como siempre, el boca a boca (y más si la boca emisora es nada menos que la del “rey del terror” americano) fue mucho más eficaz que la mejor campaña de marketing que hubiera querido montar en torno a la obra. Obra, por otro lado, que fue rescrita en 1980 a causa de la gran cantidad de violencia, sadismo y brutalidad que contenía. La versión “ligera” circuló durante un tiempo hasta que, con el nombre de Jack Ketchum ya firmemente asentado, pudo volver a sacar del cajón el manuscrito original y presentarlo, hasta donde se sabe, sin censuras de ningún tipo.

“Ketchum es el más interesante exponente actual del terror psicológico, físico y realista.”
Qué Leer

Este puesto estaba reservado a uno de los mejores escritores en lengua inglesa que el público haya podido leer en mucho tiempo: Clive Barker. Sus obras de terror se alejan de los grandes clásicos del género para sumergirnos en un mundo (a veces natural y otras no tanto) donde el dolor físico es imperante, lo extraño se vuelve mundano y no existe un sentido de la ética o la moral. Exactamente igual que consigue Jack Ketchum en esta obra, junto a otras anteriores, donde los protagonistas que calificaríamos de “malvados” ni siquiera piensan que sus actos sean precisos de ser enjuiciados o sencillamente renuncian a intentar un juicio ético sobre lo que está pasando. El mejor ejemplo de esto es “La chica de al lado” (“The girl next door”, 1989) y que veremos en otro momento, en la que los protagonistas no llegan a plantearse en su mayoría la maldad de sus actos dado que, en este caso, están refrendados por la autoridad.

“Al acecho sigue siendo una influencia capital para el terror actual. Solamente una novela articulada con pericia y verdadera emoción puede proyectar una sombra tan larga, y la obra de Ketchum tiene ambas.”
Publishers Weekly

Hay novelas de terror que por muy buenas y efectivas que resulten, una vez que se alcanza la última página y hechas una serie de reflexiones iniciales, pueden olvidarse sin ningún género de problemas. La mayor parte de la obra de Dean Koontz, Stephen King y Poppy Z. Brite tiene una calidad indiscutible que todo buen aficionado al género de terror sabe apreciar. Sin embargo es cierto que, una vez colocado el libro en la estantería, o apagado el cada vez más habitual e-reader, las sensaciones y emociones que impregnaban sus páginas desaparecen en la mente del lector como por ensalmo. Sin embargo Jack Ketchum se ha negado a permitir que esto sea así y sus obras perduran durante cierto tiempo en la cabeza, resonando, con los ecos de sus palabras recordándonos la maldad inherente al ser humano o su brutal y astuta capacidad para la crueldad más absoluta, cruda y desnuda.

Pero, ¿quién es Jack Ketchum? Jack Ketchum es el pseudónimo de Dallas Mayr, nacido en New Jersey, Estados Unidos, en 1946. Se graduó en la escuela de Livingston en 1964. Era un actor, maestro y vendedor de madera que decidió dedicarse a jornada completa a ser escritor de terror. Fue el escritor protegido de Robert Bloch, el famoso autor de “Psicosis” (“Psycho”, 1959), que a su vez había sido uno de los más íntimos colaboradores de Howard Phillips Lovecraft. Las historias de Jack Ketchum se basan en historias ocurridas realmente, siendo uno de los más destacables la cruel tortura y el asesinato de la joven llamada Sylvia Likens en 1965. Basado en ese hecho escribió su novela, ya mencionada, “La chica de al lado” (“The girl next door”, 1989) que tendremos ocasión de analizar con mayor profundidad en otro artículo. La presente novela es el comienzo de una trilogía en la que ha trabajado durante veinte años.

Jack Ketchum ha sido acusado en numerosas ocasiones de que su obra contiene pornografía violenta. De hecho la presente novela “Al acecho”, tuvo que ser rescrita y se publicó una versión mucho más ligera que la original. Como suele suceder en estos casos, la exageración y mojigatería es mucho mayor que la realidad a la hora de realizar estos juicios. Con los años su trabajo ha recibido el premio Bram Stoker en cuatro ocasiones: una en 1995, uno en 2000 y dos en 2003. Cuatro de sus novelas han sido adaptadas al cine: “The lost” (2001) película homónima dirigida Chris Sivertson en 2006, “The girl next door” (1989) película homónima dirigida por Gregory Wilson 2007 y “Red” (1995) película homónima dirigida por Lucky McKee en 2008. La última película basada en una obra de Ketchum ha sido “The woman” dirigida también por Lucky McKee y protagonizada por la excelente Angela Bettis.

Lo primero que puede decirse de la novela es que no es, en modo alguno, apta para estómagos sensibles o almas delicadas. No lo es y el lector queda avisado desde este momento para que no se llame a engaños ni se encuentre metido en una situación en la que no quiera estar. El terror de Jack Ketchum recuerda mucho a la película “Lago Edén” (“Eden Lake”, James Watkins, 2008) que nunca me cansaré de reivindicar. Sus historias se alejan de criaturas sobrenaturales y dotadas de fabulosos poderes para ofrecernos una historia de seres humanos. Unos seres humanos que se mueven en un mundo en el que la crueldad, la venganza, los más bajos instintos y la brutalidad son la bandera que exhibe en todo momento. Pero ahora, y dado que ha sido y va ser nombrada en varios momentos todavía vamos a incluir una pequeña sinopsis de la novela “La chica de al lado” para aquellos que no hayan tenido el placer de leerla.

La Factoría de Ideas publicó la siguiente sinopsis en su página web: ” Los suburbios en una ciudad cualquiera de los Estados Unidos en los años cincuenta. Calles sombreadas, con el césped bien cortado, árboles en líneas perfectas y casas acogedoras. Un lugar tranquilo y bonito donde crecer, siempre que no seas la adolescente Meg o su hermana tullida Susan. En una calle sin salida, en un oscuro y húmedo sótano de la casa Chandler, Meg y Susan, cuyos padres han muerto, están cautivas a manos de una tía lejana que está cayendo progresivamente en la locura. Una locura que está trasmitiendo a su familia, y finalmente al barrio entero. Jack Ketchum, avalado por una larga carrera repleta de logros, nos ofrece un mundo de crueldad mundana y decisiones traumáticas, un inquietante espectáculo donde vemos los más bajos instintos de la naturaleza humana.” Actualmente el libro está en reposición.

“Al acecho” es una historia de supervivencia; o de intento de supervivencia, de unos habitantes de ciudad enfrentados a una familia de caníbales endogámicos que viven en Maine, en la actualidad. Suele ser habitual pensar que el caníbal, y más en estos casos que se da casi en plena civilización, es un ser malvado que rompe deliberadamente las normas de la ética y la moral para disfrutar con los crímenes que comete. En realidad los antagonistas de la historia hacen lo que hace por una razón simple: la más pura y salvaje supervivencia. No existe noción alguna del bien o del mal en sus mentes y ni tan siquiera supone para ellos un dilema ético de ningún tipo. En este sentido tiene muchas similitudes con películas como “Las colinas tienen ojos” (“The hills have eyes”) ya sea la versión de Wes Craven de 1977 o la de Alexandre Aja de 2006, aunque el desapego hacia el ser humano es aún más patente en la novela.

La historia impacta desde el momento en el que comienzan a cometerse los crímenes que, como sucede en las novelas de Jack Ketchum, van in crescendo. Poco a poco, la angustia, la sensación de opresión y la convicción de que nadie va a salir vivo de ese maldito lugar se va a apoderando del lector, que se ve casi forzado a seguir pasando página tras página esperando ver una salida a la horrenda situación en la que unos personajes un tanto atípicos, pero completamente realistas, están metidos. Su grado de violencia, la brutalidad en la descripción de las escenas y el grado de realismo con el que están narradas convierten al libro en el equivalente a una película de los años setenta de ese estilo tantas veces comentado de “te podría pasar a ti”. Y, si bien es cierto que el canibalismo no es algo que se dé de forma natural en nuestra civilización (por el momento) existe un precedente escalofriante literario y real.

En los años setenta el escritor Larry Alan Morse publicó un libro titulado “The flesh eaters” (que no hay que confundir con la película del mismo título dirigida por Jack Curtis y estrenada en 1964) que cuenta la historia de un asesino escocés llamado Alexander Sawney Beane y su esposa Meg, que vivieron durante más de veinticinco años en una cueva formando una incestuosa familia que se dedicaba al robo y el asesinato de cuantos se ponían a su alcance. La historia real, nunca demostrada del todo, habla de un clan de cuarenta y ocho personas que durante el siglo XVI fueron juzgados y ejecutados por el asesinato y canibalismo de más de 1.000 personas. La veracidad de estos datos, no obstante, no está contrastada y no nos queda nada más que la leyenda y, mucho tiempo después, la novela. Ya se sabe: los caníbales no existen hoy en día, pero haberlos… “haylos”.

Hay fragmentos más duros que ver cómo unos antropófagos salvajes devoran un cuerpo muerto… y es ver cómo devoran uno vivo. Este desagradable detalle aparece en la censurable “Holocausto caníbal” (“Holocausto caníbal”, Ruggero Deodato, 1980) o la más actual (y aburrida) “Vinyan” (“Vinyan”, Fabrice Du Welz, 2008). En “Al acecho” los enemigos son más inteligentes de lo que cabría suponer y con una fuerza descomunal comparada con otros personajes que, como alguno de los que aparecen, no ha hecho ejercicio físico en toda su vida. Y pese a que en esta novela no escatima detalles, sí existe un episodio en “La chica de al lado” donde el autor silencia lo que sucede y eso mismo lo hace más terrible (capítulo 42) que dice: “No voy a contaros esto. Me niego. Hay cosas que sabes que morirías antes de contarlas, cosas que sabes que deberías haber muerto antes de verlas. Yo observé y lo vi.”

He leído comentarios al respecto de la novela que la comparan con de “La matanza de Texas” (“The Texas chain saw massacre”, Tobe Hooper, 1974), por la parte de mutilación y crueldad y “Posesión infernal” (“The evil dead”, Sam Raimi, 1981) por su grado de violencia y claustrofobia. En este punto no puedo estar muy de acuerdo por algunos motivos importantes: en “La matanza de Texas” la familia, también un grupo de caníbales degenerados, eran plenamente conscientes del daño que estaban haciendo y se regocijaban con él alargándolo cuanto les era posible. El componente moral, aunque saltado por todo lo alto, existía. En cuanto a “Posesión infernal”, es innegable que posee un humor negro que anula cualquier posibilidad de la película de ser tomada en serio, cosa que no sucede con la novela de Jack Ketchum. Como ya se ha mencionado antes, “The flesh eaters” de Morse sería su análogo más acertado.

Sin embargo si tienen un punto en común con las películas mencionadas: los juicios morales son innecesarios durante su lectura y debemos concentrarnos en el hecho de que se trata de una historia de supervivencia. Jack Ketchum realiza una macabra exposición de hechos sin que, en ningún momento, parezca querer transmitir un mensaje sobre ellos. Como narrador omnisciente nos relata todo lo que ve, lo que los personajes piensan y lo que sienten, pero no espera juicio alguno de valor. Sencillamente parece dar por hecho que no hay nada que relatar en este sentido; al contrario que en la tan mencionada “La chica de al lado” (ya se dijo que aparecería más veces) donde la maldad se encuentra inherente al ser humano y los villanos de la historia son personas normales y corrientes llevadas a los límites de la depravación. Aquí no existe ese componente moral, como decimos, sólo de supervivencia.

Uno de los protagonistas, Nick, llega a decir en un momento de la novela:
“—No son seres humanos. Ni por asomo.”
Pero lo cierto es que, aunque degenerados por la endogamia y sus costumbres antropofágicas, sí que lo son. No existe opción al debate moral por lo que hacen, pero es innegable que son humanos. Hay otro fragmento muy revelador:
“—J*d*r, el sitio está lleno de cadáveres.
—¿Qué clase de cadáveres?
—De los que quieras George. Tenemos de todo. Allí arriba estaban haciendo un asado de c*j*n*s. No es precisamente lo que querrías ver en el parque.
—¿Hay niños?
—Sí, creo que hemos encontrado algunos de esos niños que estabas buscando. Seguro que sí.
Se dirigieron a la casa con Willis en cabeza caminando con paso decidido. Petes se paró delante del Dodge negro y miró a su alrededor. Eran niños, sin duda. Uno de ellos tenía la cabeza abierta, mientras que a otro —¿él o ella?—se la habían arrancado casi del todo.”

Sobra decirlo, pero los asteriscos son míos. Por alguna extraña razón cualquier puede ver o leer todo tipo de casquería en Internet pero aún resulta enjuiciable leer una palabra malsonante. Creo, no obstante, que se entiende con toda claridad y, lo que es más importante, da una pequeña muestra del contenido del libro. Y aun me veo en la obligación de advertir que ha sido un fragmento escogido al azar y creo que debe ser de las partes menos violentas y más relajadas de toda la obra si exceptuamos el comienzo. Aunque Ketchum no es de los que pierde el tiempo con interminables principios descriptivos, es cierto que usa unas cuantas páginas para ponernos en situación antes de que se desate la vorágine homicida que alcanzará a más víctimas de las esperadas en un principio. Pero ese es otro tema que se va a dejar para el amable lector que tenga el valor necesario para atreverse con este libro.

Por último sólo queda comentar que la prosa del autor es ágil, ligera, casi cinematográfica (aunque sin llegar al estilo de perfección pseudo visual que emplea Richard Matheson en sus obras). Sin duda su estilo engancha si uno tiene redaños para soportar la lectura y que, pese a tratarse de su primera novela, demuestra una maestría digna de un profesional que llevase años en la materia. Concluyendo, permítaseme añadir una cita del filósofo, dramaturgo, novelista y periodista francés Jean Paul Sartre que sabía muy bien lo que decía cuando enunció: “No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros.” Y lo son.

Título: Al acecho
EDITORIAL: JP Libros
ISBN: 978-84-93747-68-8
Autor: Jack Ketchum
Páginas: 306

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